Cuentos cortos

Página 5 de 5. Precedente  1, 2, 3, 4, 5

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Madison el Lun Dic 12, 2011 8:51 am

Sí, ya lo creo, además hay anécdotas buenísimas de él o que le han ocurrido a él.
avatar
Madison

Cantidad de envíos : 5195
Fecha de inscripción : 17/03/2008

Ver perfil de usuario http://cafedemadison.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Clarisa_42 el Lun Dic 12, 2011 8:58 am

Perdón Madison, interpreté un párrafo con una pregunta.
Continuad.
avatar
Clarisa_42

Cantidad de envíos : 3509
Edad : 47
Fecha de inscripción : 03/09/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Madison el Lun Dic 12, 2011 9:00 am

Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy de hecho eso mismo es lo se pretende con los cuentos cortos
avatar
Madison

Cantidad de envíos : 5195
Fecha de inscripción : 17/03/2008

Ver perfil de usuario http://cafedemadison.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Carmen Neke el Miér Feb 22, 2012 3:00 am

...oiga usted, amigo Tórtolez, lo que contaba (Abel Martín) de un confitero andaluz, muy descreído, a quien quiso convertir un filósofo pragmatista a la religión de sus mayores.
-De los mayores ¿de quién, amigo Mairena? Porque ese sus es algo anfibólico.
-De los mayores del filósofo pragmatista, probablemente. Pero escuche lo que decía el filósofo: "Si usted creyera en Dios, en un Juez Supremo que había que pedirle a usted cuentas de sus actos, haría usted unos confites mucho mejores que esos que usted vende, y los haría usted más baratos, y ganaría usted mucho dinero, porque aumentaría usted considerablemente su clientela. Le conviene a usted creer en Dios".
"¿Pero Dios existe, señor doctor?" -preguntó el confitero-."Eso es cuestión baladí -replicó el filósofo-. Lo importante es que usted crea en Dios." "Pero ¿y si no puedo?" -volvió a preguntar el confitero-. "Tampoco eso tiene demasiada importancia. Basta con que usted quiera creer. Por que de ese modo, una de tres: o usted acaba por creer, o por creer que cree, lo que viene a ser aproximadamente lo mismo, o, en último caso, trabaja usted en sus confites como si creyera. Y siempre vendrá a resultar que usted mejora el género que vende, en beneficio de su clientela y en el suyo propio."
El confitero -contaba mi maestro- no fue del todo insensible a las razones del filósofo. "Vuelva usted por aquí -le dijo- dentro de unos días."
Cuando volvió el filósofo encontró cambiada la muestra del confitero, que rezaba así.: "Confitería del Ángel Martínez, proveedor de Su Divina Majestad".
-Está bien. Pero conviene saber, amigo Mairena, si la calidad de sus confites...
-La calidad de los confites, en efecto, no había mejorado. Pero, lo que decía el confitero a su amigo el filósofo: "Lo importante es que usted crea que han mejorado, o quiera usted creerlo, o, en último caso, que usted se coma esos confites y me los pague como si lo creyera".

Antonio Machado, Juan de Mairena, XXXIII
avatar
Carmen Neke

Cantidad de envíos : 17764
Fecha de inscripción : 29/03/2008

Ver perfil de usuario http://actosdelectura.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Carmen Neke el Lun Feb 27, 2012 4:01 am

Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril - Haruki Murakami

Una bella mañana de abril, en una callecita lateral del elegante barrio de Harajuku en Tokio, me crucé con la chica 100% perfecta.

A decir verdad, no era tan guapa. No sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era nada especial. En la nuca su cabello tenía las marcas de recién haber despertado. Tampoco era joven –debía andar alrededor de los treinta, ni si quiera cerca de lo que comúnmente se considera una “chica”. Aún así, a quince metros sé que ella es la chica 100% perfecta para mí. Desde el momento que la vi algo retumbó en mi pecho y mi boca quedó seca como un desierto.

Quizá tú tienes tu propio tipo de chica favorita: digamos, las de tobillos delgados, o grandes ojos, o delicados dedos, o sin tener una buena razón te enloquecen las chicas que se toman su tiempo en terminar su merienda. Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. A veces en un restaurante me descubro mirando a la chica de la mesa de junto porque me gusta la forma de su nariz.

Pero nadie puede asegurar que su chica 100% perfecta corresponde a un tipo preconcebido. Por mucho que me gusten las narices, no puedo recordar la forma de la de ella –ni siquiera si tenía una. Todo lo que puedo recordar de forma segura es que no era una gran belleza. Extraño.

-Ayer me crucé en la calle con la chica 100% perfecta –le digo a alguien.
-¿Sí? –él dice- ¿Estaba guapa?
-No realmente.
-De tu tipo entonces.
-No lo sé. Me parece que no puedo recordar nada de ella, la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho.
-Raro.
-Sí. Raro.
-Bueno, como sea –me dice ya aburrido- ¿Qué hiciste? ¿Le hablaste? ¿La seguiste?
-Nah, sólo me crucé con ella en la calle.

Ella caminaba de este a oeste y yo de oeste a este. Era una bella mañana de abril.

Ojalá hubiera hablado con ella. Media hora sería suficiente: sólo para preguntarle acerca de ella misma, contarle algo acerca de mi, y –lo que realmente me gustaría hacer- explicarle las complejidades del destino que nos llevaron a cruzarnos uno con el otro en esa calle en Harajuku en una bella mañana de abril en 1981. Algo que seguro nos llenaría de tibios secretos, como un antiguo reloj construido cuando la paz reinaba en el mundo.

Después de hablar, almorzaríamos en algún lugar, quizá veríamos una película de Woody Allen, parar en el bar de un hotel para unos cócteles. Con un poco de suerte, terminaríamos en la cama.

La posibilidad toca en la puerta de mi corazón.

Ahora la distancia entre nosotros es de apenas 15 metros.

¿Cómo acercármele? ¿Qué debería decirle?

-Buenos días señorita, ¿podría compartir conmigo media hora para conversar?

Ridículo. Sonaría como un vendedor de seguros.

-Discúlpeme, ¿sabría usted si hay en el barrio alguna lavandería 24 horas?

No, simplemente ridículo. No cargo nada que lavar, ¿quién me compraría una línea como esa?

Quizá simplemente sirva la verdad: Buenos días, tú eres la chica 100% perfecta para mi.

No, no se lo creería. Aunque lo dijera es posible que no quisiera hablar conmigo. Perdóname, podría decir, es posible que yo sea la chica 100% perfecta para ti, pero tú no eres el chico 100% perfecto para mí. Podría suceder, y de encontrarme en esa situación me rompería en mil pedazos, jamás me recuperaría del golpe, tengo treinta y dos años, y de eso se trata madurar.

Pasamos frente a una florería. Un tibio airecito toca mi piel. La acera está húmeda y percibo el olor de las rosas. No puedo hablar con ella. Ella trae un suéter blanco y en su mano derecha estruja un sobre blanco con una sola estampilla. Así que ella le ha escrito una carta a alguien, a juzgar por su mirada adormecida quizá pasó toda la noche escribiendo. El sobre puede guardar todos sus secretos.

Doy algunas zancadas y giro: ella se pierde en la multitud.



Ahora, por supuesto, sé exactamente qué tendría que haberle dicho. Tendría que haber sido un largo discurso, pienso, demasiado tarde como para decirlo ahora. Se me ocurren las ideas cuando ya no son prácticas.

Bueno, no importa, hubiera empezado “Érase una vez” y terminado con “Una historia triste, ¿no crees?”



Érase una vez un muchacho y una muchacha. El muchacho tenía dieciocho y la muchacha dieciséis. Él no era notablemente apuesto y ella no era especialmente bella. Eran solamente un ordinario muchacho solitario y una ordinaria muchacha solitaria, como todo los demás. Pero ellos creían con todo su corazón que en algún lugar del mundo vivía el muchacho 100% perfecto y la muchacha 100% perfecta para ellos. Sí, creían en el milagro. Y ese milagro sucedió.

Un día se encontraron en una esquina de la calle.

-Esto es maravilloso –dijo él- Te he estado buscando toda mi vida. Puede que no creas esto, pero eres la chica 100% perfecta para mí.

-Y tú –ella le respondió- eres el chico 100% perfecto para mi, exactamente como te he imaginado en cada detalle. Es como un sueño.

Se sentaron en la banca de un parque, se tomaron de las manos y dijeron sus historias hora tras hora. Ya no estaban solos. Qué cosa maravillosa encontrar y ser encontrado por tu otro 100% perfecto. Un milagro, un milagro cósmico.

Sin embargo, mientras se sentaron y hablaron una pequeña, pequeñísima astilla de duda echó raíces en sus corazones: ¿estaba bien si los sueños de uno se cumplen tan fácilmente?

Y así, tras una pausa en su conversación, el chico le dijo a la chica: Vamos a probarnos, sólo una vez. Si realmente somos los amantes 100% perfectos, entonces alguna vez en algún lugar, nos volveremos a encontrar sin duda alguna y cuando eso suceda y sepamos que somos los 100% perfectos, nos casaremos ahí y entonces, ¿cómo ves?

-Sí –ella dijo- eso es exactamente lo que debemos hacer.

Y así partieron, ella al este y él hacia el oeste.

Sin embargo, la prueba en que estuvieron de acuerdo era absolutamente innecesaria, nunca debieron someterse a ella porque en verdad eran el amante 100% perfecto el uno para el otro y era un milagro que se hubieran conocido. Pero era imposible para ellos saberlo, jóvenes como eran. Las frías, indiferentes olas del destino procederían a agitarlos sin piedad.

Un invierno, ambos, el chico y la chica se enfermaron de influenza, y tras pasaron semanas entre la vida y la muerte, perdieron toda memoria de los años primeros. Cuando despertaron sus cabezas estaban vacías como la alcancía del joven D. H. Lawrence.

Eran dos jóvenes brillantes y determinados, a través de esfuerzos continuos pudieron adquirir de nuevo el conocimiento y la sensación que los calificaba para volver como miembros hechos y derechos de la sociedad. Bendito el cielo, se convirtieron en ciudadanos modelo, sabían transbordar de una línea del subterráneo a otra, eran capaces de enviar una carta de entrega especial en la oficina de correos. De hecho, incluso experimentaron otra vez el amor, a veces el 75% o aún el 85% del amor.

El tiempo pasó veloz y pronto el chico tuvo treinta y dos, la chica treinta

Una bella mañana de abril, en búsqueda de una taza de café para empezar el día, el chico caminaba de este a oeste, mientras que la chica lo hacía de oeste a este, ambos a lo largo de la callecita del barrio de Harajuku de Tokio. Pasaron uno al lado del otro justo en el centro de la calle. El débil destello de sus memorias perdidas brilló tenue y breve en sus corazones. Cada uno sintió retumbar su pecho. Y supieron:

Ella es la chica 100% perfecta para mí.

Él es el chico 100% perfecto para mí.

Pero el resplandor de sus recuerdos era tan débil y sus pensamientos no tenían ya la claridad de hace catorce años. Sin una palabra, se pasaron de largo, uno al otro, desapareciendo en la multitud. Para siempre.

Una historia triste, ¿no crees?



Sí, eso es, eso es lo que tendría que haberle dicho.


http://edilbertoaldan.blogspot.com/2007/06/un-cuento-de-haruki-murakami-sobre.html
avatar
Carmen Neke

Cantidad de envíos : 17764
Fecha de inscripción : 29/03/2008

Ver perfil de usuario http://actosdelectura.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  PatoBB el Lun Feb 27, 2012 4:39 am

Bello... I love you
(ay, es que soy una romanticona incurable...)
avatar
PatoBB

Cantidad de envíos : 7207
Edad : 53
Localización : Paralelo 38 - Argentina
Fecha de inscripción : 17/06/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Lolita Nabokov el Lun Feb 27, 2012 4:54 am

Está genial el cuento.
avatar
Lolita Nabokov

Cantidad de envíos : 2309
Fecha de inscripción : 23/07/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Ivanovich el Lun Feb 27, 2012 6:54 am

Ah, sí, me gusta a mi también. Me ha recordado a Benedetti.
avatar
Ivanovich

Cantidad de envíos : 9308
Fecha de inscripción : 22/05/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  PatoBB el Lun Feb 27, 2012 6:58 am

Ahora que los tengo a los dos por aquí, rusitos (Lolita con ese "apellido" se liga también el apodo de rusita) qué pasa con el CLC? Lo seguimos?


Última edición por PatoBB el Lun Feb 27, 2012 7:01 am, editado 1 vez (Razón : Corregí "los" donde decía "lo")
avatar
PatoBB

Cantidad de envíos : 7207
Edad : 53
Localización : Paralelo 38 - Argentina
Fecha de inscripción : 17/06/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Ivanovich el Lun Feb 27, 2012 7:00 am

Jo, yo lo tengo abandonado en el del sacerdote de Mishima, leí la mitad y no se qué pasó que ahí quedó. Estaría bien retomarlo.
avatar
Ivanovich

Cantidad de envíos : 9308
Fecha de inscripción : 22/05/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  PatoBB el Lun Feb 27, 2012 7:02 am

Está bueno el de Mishima, yo me quedé a mitad del comentario (lo tengo guardado en los "bosquejos"), me parece que cuando lo estaba escribiendo me pasó algo que hizo que lo dejara y ya no lo retomé. Pero lo leí...
avatar
PatoBB

Cantidad de envíos : 7207
Edad : 53
Localización : Paralelo 38 - Argentina
Fecha de inscripción : 17/06/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Lolita Nabokov el Lun Feb 27, 2012 7:18 am

Ah sí, Pato, tienes razón, a ver si lo leo, estoy vaga...... Razz
avatar
Lolita Nabokov

Cantidad de envíos : 2309
Fecha de inscripción : 23/07/2011

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Carmen Neke el Lun Mar 05, 2012 9:57 pm

De su ventana a la mía - Carmen Martín Gaite

Anoche soñé que le estaba escribiendo una carta muy larga a mi madre para contarle cosas de Nueva York, pero era una forma muy peculiar de escritura. Estaba sentada en esta misma habitación, desde cuyos ventanales se ve el East River, y lo que hacía no era propiamente escribir, sino mover los dedos con gestos muy precisos para que la luz incidiera de una forma determinada en un espejito como de juguete que tenía en la mano y cuyos reflejos ella recogía desde una ventana que había enfrente, al otro lado del río. Se trataba de una especie de código secreto, de un juego que ella había estado mucho tiempo tratándome de enseñar. (Como cuando me quería enseñar a coser y me decía que era cuestión de paciencia. “¿Ves cómo si te pones te sale bien? Mira, el secreto está en no tener prisa y en atender a cada puntada como si esa que das fuera la cosa más importante de tu vida.”)

Y la felicidad que me invadía en el sueño no radicaba sólo en poderle contar cosas de Nueva York a mi madre y en tener la certeza de que ella, aún después de muerta, me oía, sino también en la complacencia que me proporcionaba mi destreza, es decir, en haber aprendido a mandarle el mensaje de aquella forma tan divertida y tan rara, que además era un juego secretamente enseñado por ella y que nadie más que nosotras dos podía compartir.

Las culebrillas de mi mensaje pasaban por encima del East River, que arrastra trozos de hielo, por encima de los remolcadores y de los barcos de carga; esquivaban el choque de los helicópteros, se metían por debajo del Queensboro Bridge y llegaban indemnes a su destino. “Al fin, ¿lo ves cómo no era tan difícil?”

La ventana de mi madre estaba iluminada por el sol poniente y vibraba con destellos de todos los colores cuando mis palabras llegaban a tocar el cristal; era grande y resplandecía como un brillante irisado entre el humo, el acero y el cemento. Pero de la habitación a que pertenecía esa ventana nada podría decirse con certidumbre, sino que tal vez era una mezcla de muchas habitaciones, de todas en las que ella se sentó alguna vez a mirar por la ventana.

Desde un criterio puramente geográfico, pienso ahora, que estoy despierta y miro en esa dirección, que sería lógico localizarla en Long Island o Queens, pero no. Estaba mucho más allá, en ese más allá ilocalizable adonde precisamente ponen proa los ojos de todas las mujeres del mundo cuando miran por una ventana y la convierten en punto de embarque, en andén, en alfombra mágica desde donde se hacen invisibles para fugarse.

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. En todos los claustros, cocinas, estrados y gabinetes de la literatura universal donde viven mujeres existe una ventana fundamental para la narración, de la misma manera que la suele haber también en los cuartos inhóspitos de hotel que pintó Edward Hopper y en las estancias embaldosadas de blanco y negro de los cuadros flamencos. Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos, que no lo ha visto nadie y que acoge a todos los pájaros ateridos y audaces, brindándoles terreno para que hagan su nido en él unos instantes.

Mi madre siempre tuvo la costumbre de acercar a la ventana la camilla donde leía o cosía, y aquel punto del cuarto de estar era el ancla, era el centro de la casa. Yo me venía allí con mis cuadernos para hacer los deberes, y desde niña supe que la hora que más le gustaba para fugarse era la del atardecer, esa frontera entre dos luces, cuando ya no se distinguen bien las letras ni el color de los hilos y resulta difícil enhebrar una aguja; supe que cuando abandonaba sobre el regazo la labor o el libro y empezaba a mirar por la ventana, era cuando se iba de viaje. “No encendáis todavía la luz –decía-, que quiero ver atardecer.” Yo no me iba, pero casi nunca le hablaba porque sabía que era interrumpirla. Y en aquel silencio que caía con la tarde sobre su labor y mis cuadernos, de tanto envidiarla y de tanto mirarla, aprendí no sé cómo a fugarme yo también. Luego entraba alguien, daba la luz y reaparecían los perfiles cotidianos. “Bueno, habrá que correr las cortinas”, decía ella, como despertando.

Pero en la sonrisa especial que dulcificaba su expresión se le notaba lo lejos que había estado, lo mucho que había visto. Y daban ganas de arrodillarse a su lado para ayudarle a abrir las maletas, de preguntarle: “¿Qué regalo me traes?”

Y seguro que, antes de conocerla yo, viajó por la ventana mucho más todavía. En aquel tiempo –tan novelesco para mí- de su juventud y de su infancia, desde aquellos espacios interiores que yo no conocí, seguro que algún día tuvo que llegar hasta el mismo Nueva York; un viaje arriesgado para la época, si se parte de Orense, Allariz, Cáceres, La Coruña, Madrid o Salamanca, entre dos luces, al atardecer, dejando atrás espejos, consolas, costureros, cacharros de cocina, sofás y aparadores de la casa propia o de algún pariente donde se han ido a pasar las vacaciones de verano y cuyos rincones aún pueden columbrarse en viejas fotografías. ¡Adiós! Y ahí se quedan las primas feas y la abuela y Pilar Prieto y la tía Pepa y las señoritas de Nicolau; me voy a América, ¡adiós!

Su padre era catedrático de Geografía y en la casa había muchos atlas. “Mira América qué grande –le diría alguna vez-, cuánto espacio abarca. Y eso tan chiquitito es Nueva York, con dos ríos, el Hudson y el East River.” Y ella se quedaría mirando a la ventana. ¡Perderse en Nueva York, la ciudad del dinero y de los rascacielos, del incipiente cine, la ciudad de los sueños! ¿Cómo no iba a llegar mi madre a Nueva York en alguna de aquellas excursiones de joven ventanera, alimentada de novelas exóticas?

Claro que llegaría en alguna ocasión; y ese día, el que fuera, los pájaros errantes de sus ojos construirían aquí un nido de cristal tan secreto, tan raro y tan perenne que hasta ayer por la noche nadie había dado con él. ¡Pues anda que no había camino, vericueto y laberinto para llegar a eso que se produjo anoche, a esa emisión cifrada de señales entre mi madre y yo, de su ventana a la mía! Y por eso era el júbilo del sueño. Ahora lo he entendido.

avatar
Carmen Neke

Cantidad de envíos : 17764
Fecha de inscripción : 29/03/2008

Ver perfil de usuario http://actosdelectura.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: Cuentos cortos

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 5 de 5. Precedente  1, 2, 3, 4, 5

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.