Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

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Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

Mensaje  PatoBB el Vie Abr 06, 2012 8:28 am

Se me ocurrió que sería bonito poner todos juntos los relatos que ganaron el concurso Wara del año pasado. Así que los agrupé. A cual mejor. Si hubiera que elegir uno solo de todos estos, nos las veríamos en figurillas. Disfruten los que no los leyeron, anímense a escribir los que no se animan, participen aunque sea votando los que definitivamente no se atreven... Aunque si no nos animamos a mostrar lo que escribimos cuando estamos entre amigos... cuándo nos vamos a animar? I love you

El cómputo:

3 relatos de Elizq, 3 de Mala, 2 de Siberia, y sendos relatos de Albanta, PianistaDeClub (compartiendo con Mala el primer puesto en Septiembre), Larama e Ivanovich. Todos realmente muy buenos.

Enero - No tenemos dos ojos
Autor: Larama

Hay mucha gente que afirma que tenemos dos ojos. La gente afirma a veces cosas a la ligera; son gente a las que les asusta el silencio o la verdad. No quiero parecer soberbio, no conozco todas las afirmaciones, pero ésta seguro que es una de las más inciertas que existen. No tenemos ojos como podemos decir que tenemos dos manos o dos piernas. En su naturaleza está el desobedecernos: son chivatos, delatores de sentimientos que continuamente desatienden nuestra voluntad de ocultación, teniendo como única defensa unas cortinitas cuya eficacia es harto deficiente si tenemos en cuenta que los necesitamos para poder movernos y no tropezarnos con los muebles a cada paso. Piensan que los ojos son meros receptores de datos, cuando su función más importante es la de emitirlos, sin importarles que el destinatario sea la persona más indicada, siendo la mayoría de las veces la menos indicada. Pero lo que está fuera de toda lógica es que haya gente que piense que solo tenemos dos ojos. Nada más lejos de la realidad. En nuestras cuencas habitan cientos de ojos distintos. Se desconoce por qué algunos ojos aparecen más que otros, e incluso por qué algunos no aparecen nunca, pero ahí están, todos, sin faltar ni uno. Hay ojos tristes, enfadados y llenos de rayos y centellas; ojos cansados, asustados, asombrados o sonrientes. Tenemos ojos maliciosos de los que arrojan cuchillos, y otros son soñadores o borrachos. También están los ojos profundos, los vacíos, esos que nos abandonan por un momento para visitar el horizonte, y los envidiosos con sus serpientes de largas lenguas bífidas; ojos eternamente infantiles, ávidos de imágenes, y ojos de viejo donde ya no caben más. Algunos son fríos y coléricos, repletos de bombas incendiarias, pero también los hay dulces, incluso melosos, atrevidos o confiados. Hay ojos que atienden y otros que ignoran; están los que miran de frente y los que miran de lado o por encima del hombro. Hay ojos de lágrima fácil y sencilla y otros que destilan lágrimas complicadas o embusteras. Están los ojos limpios y claros, llenos de belleza, y los que lo ensucian todo al mirar; ojos que comen, ojos que desnudan, ojos que señalan, ojos que saludan, ojos que desarman, ojos brillantes y enamorados que besan cuando te miran. Los hay curiosos, impertinentes, nerviosos hasta el tic, y los hay también cotillas y llenos de enormes vigas. Están los picarones de los que no todo el mundo dispone de dos, teniéndose, en ese caso, que recurrir al truco de cerrar la otra cavidad para que su ausencia no arruine el efecto. Hay ojos con rabillo mirador, ojos en blanco, serenos y también incendiarios, dormidos y de lobo y perrito degollado. Están los buenos ojos, siempre predispuestos al halago, y los malos ojos, mezquinos e injustos. Los hay vivos, dicharacheros y chispeantes, pero también están los apagados, graves y serios. A veces los ojos son generosos y se cierran para permitirnos ver mejor o para que el corazón siga latiendo. Otras veces, cuando somos nosotros los que los cerramos, se vengan y se dan la vuelta para mirarnos por dentro y enseñarnos cosas que quizás no querríamos ver. Y también los hay que se obstinan en permanecer abiertos y tiene que ser otro el que nos los cierre. Pero ni en ese caso la afirmación se hace verdadera, porque en ese caso los ojos son menos ojos y menos nuestros que nunca.

Febrero - Dentro y fuera
Autor: Siberia

El caso es que ella no daba detalles personales. Yo tampoco era un pardillo, siete años navegando y tres relaciones virtuales de largo recorrido dan para mucho. Según ella solo hacía unos meses que se conectaba, pero no era cierto. Ambos mostrábamos esa falsa ingenuidad propia del veterano que sabe de qué va la feria. Los que son nuevos de verdad en el mundillo confían solo a medias y avanzan a trompicones, solo los expertos sabemos simular una veracidad sin tacha y ella lo hacía bien, francamente bien. Su historia se fue desgranando como si realmente le costara trabajo desvelarla: un cabrón se había cruzado en su vida y ahora se sentía perdida. Tenía treinta y tres años. Era arquitecta. No deseaba hablar de su aspecto físico. En mi opinión tenía al menos diez años más, un trabajo mediocre y probablemente una familia aburrida. Pero a veces mostraba una agudeza poco común y absurdos destellos de falsa juventud, parecidos a los mohines de ciertas folklóricas avejentadas. Otra patética mujer de mediana edad a la que la vida se le escapaba entre los dedos.
Concertamos una cita con todas las posibilidades abiertas. Yo estaba dispuesto a ignorar todos los desajustes, aunque claro está que dependía de cuantos fueran éstos. Todos tenemos nuestro precio y nuestro límite. Iba nervioso y di dos vueltas a la manzana antes de escudriñar la mesa convenida desde un lugar convenientemente oculto. Una muchacha joven, de luminosa cabellera, estaba sentada allí. Se volvió y vi por un momento unos ojos inmensos que miraban fijamente la puerta del local.
Aterrorizado, retrocedí. Apreté el paso mientras me alejaba, sumido en la más completa agitación

Marzo - Siempre nos quedará París
Autor: Ivanovich

Fue aquella primera vez que te vi, en el cine Callao, tus mejillas llenas y la sonrisa casi de papel. Me fijé en tus ojos claros, que yo intuía azules. Recuerdo también la niebla. Un tipo con sombrero negro y gabardina gris te acompañaba, un tipo duro y de rasgos bien definidos, que parecía envolverte con su mirada. Yo estaba solo. Al llegar mi turno saque la entrada, numerada en patio de butacas, fila 14, asiento dos en pasillo. Todavía la guardo. A veces siento nostalgia del olor de aquellos cines, del tierno quejido de las butacas de entresuelo.
Pagué, recuerdo que olvidé el cambio. Me sobraba algo de tiempo. Guardé la entrada en la cartera y levanté los ojos para buscarte otra vez. Te vi, ahora de pie, en otro recuadro, junto a un coche gris, diría que oscuro, con un pie en el pescante. El tipo duro te agarraba del brazo. Llevabas puesta una falda larga, por debajo de la rodilla. La sesión empezaba a las siete.
Me fui andando a casa, tratando de imaginar las líneas de tu cara, que, desdibujadas, se me escapaban al menor intento, mientras mi mirada se iba perdiendo entre los luminosos de la Gran Vía.
Al día siguiente volví, al mismo lugar, tu estabas ahí, inmóvil, apoyada en la pared, junto a una maleta oscura y recuerdo que llevabas puesto un sombrero que yo imaginé de color rojo. Escuché un frenazo, me di la vuelta y vi a una mujer tendida en medio de la calle, junto a un coche de color azul. Solo llevaba puesto un zapato y se había formado un revuelo a su alrededor. Enseguida regresé a ti, estabas sentada en un rincón del café, negro, gris, blanco, con la mirada lejana, junto al tipo de la gabardina, que te hablaba quedamente. Fumabas un cigarrillo en el que yo creí adivinar el color carmín de tus labios. Y por un instante soñé con ser aquel tipo.
Cada tarde, al salir de clase, regresaba invariablemente al mismo lugar con el anhelo de volver a verte. Me mirabas, pero no alcanzabas a verme. Yo si, yo pasaba horas coloreando grises, fijándome en tu quietud, en la sensualidad de tu boca y en tu pelo ondulado, en tus manos suaves y en el brillo, sobre todo en el brillo de tus ojos claros cuando te miraba de cerca.
De camino acostumbraba a detenerme en el escaparate de una tienda de caballeros que hacía esquina con la calle Salud, junto a una oficina de correos. Me quedaba quieto durante uno o dos minutos, mirando aquella gabardina colocada sobre un maniquí de madera, que se confundía con mi propio reflejo en el cristal de la tienda. Un día entré. Recuerdo que estaba lloviendo y hacía frío. Me probé la gabardina, me pareció muy amplia, o tal vez yo no había crecido lo suficiente, por lo menos sobraban dos tallas. Saqué los dos billetes arrugados del bolsillo y pagué. El dinero me alcanzó para comprar también un sombrero, parecido al que usaba el tipo duro que te acompañaba. Al pasar por el estanco, compré un paquete de rubio y encendí un cigarrillo.
Esa tarde me retrasé cinco minutos. Entré. La sala ya estaba oscura y olía mucho a ambientador. El acomodador me acompaño hasta la butaca, numerada, fila 12, asiento dos en pasillo. Al verte, cerré los ojos y me senté a tu lado. Habías pedido un café solo, muy caliente. Hice una señal al camarero, me trajo un whisky, solo, sin hielo. Muy de fondo sonaba una melodía al piano. Me quité el sombrero y dejé a un lado la gabardina. El café estaba lleno y el ambiente algo cargado por el humo del tabaco. Encendí un cigarrillo y deslicé la cajetilla para ofrecerte uno. Mientras apuraba el whisky, te hablé de París, la guerra estaba a punto de estallar en Europa. Cuando nos despedimos ya era de noche. Fuera hacía frío y tu marido te estaba esperando junto al hangar, con los motores de la avioneta en marcha. “Estas lista Ilsa” –te dijo- “Si, estoy lista” –contestaste tu sin dejar de mirarme y añadiste- “Adios Rick, suerte”. Abrí los ojos, se encendieron las luces y percibí la luz mortecina de la sala.
Esa noche, como tantas otras, volví andando a casa, la calle estaba mojada y me envolvía un silencio, rasgado solo por el roce de mi gabardina
Aquello duró algunos días más. Un día fui a buscarte, pero ya no te encontré, ni al día siguiente, ni al otro. Traté sin éxito de buscarte en otros cines, pero todo fue inútil.
Oigo el ruido de la ducha. Los niños ya se han acostado. Hojeo un periódico empezando por atrás y me detengo en la programación de televisión. Me levanto y me sirvo un whisky solo, sin hielo, me siento en una esquina del sofá y enciendo la televisión. El tiempo pasa, casi treinta años. Vuelvo a escuchar la melodía al piano e igual que entonces, Ilsa, me invento el color carmín de tus labios y me acuerdo, si, me acuerdo, como si fuera ayer, de las fotos en blanco y negro colgadas de la cartelera del cine Callao, que mis sueños llenaban de color y echo de menos aquella gabardina vieja y descolorida, que hoy, seguramente, me quedaría dos tallas pequeña.

Abril - Claroscuro
Autor: Siberia

- ¡Y una mierda!
Sobre el mantel bordado y vuelto a bordar, la loza cartujana y los sólidos pimenteros de plata y cristal de Bohemia, las palabras volaban. Era costumbre. Cuando se juntaba la familia y se hablaba de política, los dos cuñados se enzarzaban como luchadores de sumo. El uno era concejal del PP. EL otro tenía un cargo en la administración y simpatizaba con el PSOE.
- ¡Muy típico de vosotros! Los señoritos de izquierdas siempre tienen razón, por ley divina. Da igual que la realidad os eche por tierra una y otra vez vuestros bonitos castillos. Porque si mal no recuerdo tú eras maoísta en la universidad ¿no? Y prosoviético y leninista y todo lo que se te pusiera por delante. Te da igual todo, salvo tu precioso discurso. Aunque tengas que modificarlo mil veces y ya no lo conozca ni la madre que lo parió. Las ruinas que tú y los tuyos dejáis atrás, a esas que les den por culo.
-¿Ruinas? ¿Hablas de ruinas? ¿Y quien ha traído esta puta crisis que nos está comiendo las tripas? ¿los socialistas? ¿Quién es responsable de ese sistema financiero que dio créditos basura, bonos fraudulentos de interés disparatado y lo que hiciera falta? La puta avaricia. La puta avaricia de derechas. A esos si que les da igual la gente y el mundo entero. ¡A mí no me vengas con lecciones de ética!
El abuelo tintineaba la cucharilla, deshaciendo el azúcar.
- Como Manrique y Moreno – cuchicheó bajito, pero nadie le hizo caso.
Manrique y Moreno, recordaba, eran médicos a principio de los treinta. Por Europa corría una epidemia, una de tantas, solo que en aquel tiempo se armaba menos ruido, la gente se moría en silencio, sin más. Era la tuberculosis. El abuelo tuvo nueve hijos y tres murieron de tuberculosis. Manrique abogaba por una operación que colapsaba los pulmones a fin de que el bacilo muriera. Moreno era partidario de la liberación de los humores mediante sangrías repetidas. Ambos cobraban un disparate, tenían una clientela descomunal y se insultaban en los foros científicos, en los periódicos y hasta en la calle. Un día los tuvieron que separar antes de que llegaran a las manos. Se acusaban mutuamente de mala fe, de mala praxis científica, de charlatanismo y de no se cuantas cosas más. El abuelo llevó a sus hijos enfermos a uno y después a otro, sin resultado. Dos décadas más tarde llegaron de extraperlo unas sustancias milagrosas descubiertas por un inglés, pero sus hijos ya no estaban.
- Ese es nuestro lugar en el mundo, en la sombra – pensó para sí – Solo que nos figuramos estar al sol. Solo así podemos seguir viviendo. Lástima que ese sol figurado tenga colores diferentes para cada uno.
Mirando cómo sus apuradas mujeres intentaban calmarles, decidió que sus respectivos maridos no eran de fiar, que en realidad disimulaban su ignorancia con el orgullo de un toro a la carrera. Exactamente como Manrique y Moreno.
Y siguió moviendo la cucharilla.

Mayo - Nunca es tarde
Autora: Albanta

Me acomodé y abrí el libro. Fue casi un acto reflejo ya que es fácil que en los viajes vuelva a cerrarlo al cabo de las dos o tres páginas pues suelo distraerme mirando el paisaje u observando a hurtadillas a los pasajeros que me rodean.
En esta ocasión apenas tuve tiempo de comenzar la lectura. A mi lado se sentó una señora de unos sesenta años que me saludó con el mismo entusiasmo que se muestra con algún viejo conocido, entablando un monólogo que empecé a escuchar por educación y no sin cierto asombro. Estas cosas no le pasan a nadie más que a mí, pensé.
La cortesía dio paso a un verdadero interés por su personalidad arrolladora y su relato.
Desde que tenía uso de razón le gustó contar historias –decía-, las escribía más mal que bien y las leía a sus padres que se sentían orgullosos de ella. Se inspiraba en cualquier cosa, como ahora, en la forma de las nubes, en los sueños poblados de sombras que se convertían en pesadillas, en el flequillo de Robert Redford, en la guitarra de Jimmy Hendrix o en el pelaje de su gato. Pero los años y la vida empezaron a echarse encima sin darse cuenta; cambió el colegio por el instituto, hizo nuevos amigos, paseó amores por la playa y por la feria y terminó colgando los libros a cambio de un matrimonio con un chico que, además de ser de buena familia, tenía un gran futuro como abogado. No es que la pasión les cegara a ninguno de los dos, ni siquiera llegó a ver los cohetes de colores de los que hablaban sus amigas, aunque tampoco le importó demasiado. Su hijo nació muy pronto y se acostumbró a vivir serenamente sin grandes sobresaltos ni apuros económicos…pero se olvidó de escribir.
Ha pasado el tiempo y vive sola. Su marido, un buen hombre que la amaba a su manera, falleció tras una corta aunque penosa enfermedad, y su hijo vive en Finlandia trabajando como biólogo marino.
Hace unos meses se apuntó a golpe de impulso a un curso de internet impartido por la AAVV que le abrió las puertas a un universo lleno de letras, y recordó que una vez jugó a ser escritora. No ha plantado ningún árbol y tampoco escribirá un libro, pero se ha registrado en un foro en el que tímidamente, poco a poco y letra a letra, va lanzando sus palabras e imagina las voces y los rostros de quienes pasan por allí y se quedan un rato de puntillas para leerlas.
Al despedirnos anotamos nuestras respectivas direcciones de email, no sin antes contarme con todo lujo de detalles cómo es su foro.

Junio - La primera foto
Autora: Elizq

- Busca a mi abuela y que ella la guarde.
Llego a West Point a primera hora de la mañana, imposible orientarse en la maraña de casuchas que, amontonadas en la estrecha franja de tierra, llegan hasta la orilla de la playa. Hay montañas de basura frente a la entrada de las chabolas, el hedor es insoportable, la humedad y el calor son asfixiantes. Sobre el luminoso cielo se recorta la silueta de una palmera que crece en el angosto espacio que queda entre dos paredes. Miles de hombres y mujeres malviven rodeados de sus propias heces y de la pestilencia de sus orines. Y niños, muchos niños y adolescentes, de miradas huidizas, de ojos vacíos, hacinados en casuchas de techos oxidados, construidas con despojos de chabolas derrumbadas o con restos de madera que han traído las olas.
Después de tres días de espera, Thomas, mi contacto en Monrovia, ha conseguido que un grupo de Taylor nos permita acompañarles durante dos días. Nos dirigimos hacia el sureste por una roja carretera llena de baches y nos adentramos en la selva. Al atardecer llegamos a una aldea que ha sido atacada hace pocas horas, los habitantes han huido y los soldados saquean las casas buscando comida. Descubro a los niños en un rincón, agotados y sucios, las pupilas dilatadas, vestidos con viejos uniformes de camuflaje. Se me acerca un pequeño que arrastra un viejo subfusil de combate, una destrozada guerrera le llega hasta las rodillas, en los pies unas chancletas de plástico. Bajo la gorra, sus ojos descubren la cámara y se detiene. Sin decir una palabra, posa para mí.
-Nunca me han hecho una foto -confiesa con una triste sonrisa - ¿Me la darás mañana?
Le digo que no podré revelar la foto en la selva, que debo hacerlo en la ciudad.
- Cuando la tengas, busca a mi abuela y que ella la guarde. Dile que estoy bien, que no se preocupe, que Mousa regresará pronto.
A la mañana siguiente, cuando el grupo se prepara para partir, no nos permiten acercarnos a Mousa ni a los demás niños, Thomas, avergonzado, me confiesa que los han drogado, así son más dóciles y obedientes, pierden el miedo y son más atrevidos.
Cuando oscurece y regresan los soldados, busco a Mousa en vano.
Hace horas que deambulo entre las chabolas mostrando la foto a todos los que se cruzan en mi camino, sin éxito. Al enfilar el camino de regreso al hotel, paso junto a una mujer que lava ropa en la orilla, un sol anaranjado se pone a su espalda, enfoco, al oír el clic del disparador se da la vuelta y me mira. Saco la foto del bolsillo, un último intento antes de rendirme. Al verla, se le escapa un grito: Mousa!

Julio/Agosto - Marina
Autora: Elizq

Era hermoso, rubio como la cerveza.
Ojos garzos, el pelo ondulado hasta los hombros, la cintura fina. Desencantado por no haber encontrado la playa bajo los adoquines del mayo parisino, huyó de la grisura del norte. Y en el luminoso cielo de Ibiza sus ojos azules se posaron sobre Jara, joven, ingenua, inexperta, recien salida de un internado de monjas en Huesca, disfrutando del premio a su matricula de honor. Quince dias de playa, de tiernos je t’aime susurrados, de largas caricias y de dulces besos al amanecer.
Au revoir, mon amour!
À bientôt, ma p’tite!
Supo que estaba embarazada pocos dias antes de empezar la universidad, se asustó.
-Tranquila, estamos a tu lado, para lo que necesites, sé fuerte -dijeron sus padres. Dos trimestres soportando las miradas reprobadoras de vecinos, profesores y compañeros. En Semana Santa decidió regresar a Ibiza, quizá....
En la comuna no había rastro de él, habia regresado a Paris, nadie sabia como localizarle, pero ella era bienvenida y podia quedarse, entre todos la ayudarian, su hijo seria un hijo de las flores, el hijo de todos y... ¡quién sabe! el verano está a la vuelta de le esquina y él tal vez regrese.
Marina nació una mañana de primavera, al alba, lo primero que vieron sus ojos fue el mar azul. Durante su primer verano fue hija de los hijos de las flores, muñeca de todos. En septiembre Jara volvió a casa y nunca más regresó a Ibiza.
-Seis meses, un año como mucho. Será doloroso y desagradable, pero podemos ayudarla.
Marina agradece la sinceridad del doctor y abandona la consulta. Antes de llegar a la planta baja ya ha tomado una decisión. Regresa a casa, al pequeño pueblo del Pirineo donde ha vivido desde niña, mira alrededor, aqui ha sido feliz, pero ya nada la retiene, su madre murió hace unos meses, el hombre al que amó ya no está, nunca tuvieron hijos. Cierra la casa y se dirige al puerto más cercano. La noche es suave, sentada en la cubierta del barco contempla las estrellas y, mientras recuerda los recuerdos de su madre, tararea la canción con que la adormecía
...su pequeña huella no vuelve más...
El horizonte se desdibuja bajo una luz sutil, pronto amanecerá, mientras camina recoge algunas piedras que se han desprendido de los viejos muros que bordean el sendero que baja a la playa, las va contando y guardando en sus bolsillos: catorce, quince... La última la recoge junto a la arena: cuarenta y tres. Es curioso el azar, hoy cumple 43 años. Descalza, el rumor de la arena bajo sus pies acompaña sus pasos, el sol asoma por la línea del horizonte, Marina lo atrapa con sus ojos y camina.
...una voz antigua de viento y de sal...
La claridad violeta que se extiende sobre el mar se derrama en mil destellos, su pies rozan el agua y se estremece, pero no se detiene, cuando el agua le llega a la cintura nota el peso de las piedras en sus bolsillos.
...cinco sirenitas te llevaran por caminos de algas y de coral...
Las burbujas que suben desde el fondo explotan blandamente bajo el sol, Marina se ha vestido de mar.

Septiembre - En verdad queréis saber por qué le abandoné? (*)
Autor: Malahablao

No voy a andarme con parábolas, seré omnidirecto: se han erigido siglos de barata teología apuntalándola sobre ficciones y apariencias y ahora, como personaje y a la vez monigote central de esta recua de leyendas, estoy harto de existir de estas maneras, sólo en la mollera de unos pocos, que se mal aclaman elegidos (¿de quién y por qué?) y quiero al fin tomar forma y palabra para empezar a despojarles de sus orígenes adulterados.
No fui yo quién abandonó al nazareno en su agonía mortal. No teníamos ningún pacto, ni alianza, no le debía protección contra judíos, romanos, fariseos, lelos o barrabases. Es cierto que calcándose del monoteísmo hebraico, me colocó en la médula de sus oraciones, me dio una paralela existencia etérea, me cubrió de pobreza, de su cariz de la justicia, y sí, me adoraron, me temieron, invocaron mis nombres, y yo, calladito pero solícito, tuve que apañar algunos milagros de prodigio, puro enredo, dotar a este barbiespeso inconsciente de su realidad de legitimidad mesiánica, él me aupó a categoría de Dios amoroso, abrazador y ecuménico, pero en esencia yo quería pasar desapercibido, me cansé de tantos salmos y de la fisonomía futura de los acontecimientos que se preveían: ¡edificar otra iglesia, Dios qué pereza!!
Hubiese querido favorecer, previamente, a Juan Bautista, pero los antojos lascivos de caprichosas reinonas me lo arrebataron, pasaron los años y algún adelantado emergía entre discursos apocalípticos y agoreros, no me convencían y ya tenía yo ganas de trascender, de licenciarme del Yahvé judío, así que permanecía atento a la actualidad natalicia, por si alumbraba algún redentor con ideario propio sobre lo embrionario de una divinidad, porque, siendo sinceros, yo no era todavía sino la nada formal que está detrás de toda materia que ha de ser limada y esculpida para la obtención del verdadero arte. Buscaba un virtuoso de la talla y del cincel que me mudara de obsoletos Olimpos y me parcelara la totalidad de un cielo nuevo a estrenar.
Y nació este chico, en Belén, y le dejé alocarse, iríamos viendo como se desenvolvía, cuáles eran sus propósitos y qué tal andaba de pujanza e inventiva. Y el chico medró, y sus ideas eran atrevidas. Me gustó cuando orquestó aquello de que era hijo carnal mío, venido de la virginidad biológica de María madre de Dios, y al llamar Espíritu Sanqto a mi reserva seminal acabó de convencerme de que este muchacho iba a revolucionar los mercados del Templo. Se le veía aplicado y muy doliente con propios y ajenos sufrimientos. Iba a tener madera, y tanto que la sostuvo.
Seguí con él, estuve en su última cena, le acompañé al Sanedrín, para mi gusto la plétora de latigazos sobraron, grité en su contra cuando había que escogerle a él o a Barrabás, presencié los noes olímpicos de Simón Pedro y escuché cómo me blasfemaba evacuándose sobre mi eternal sustancia, estuve de cháchara en su crucifixión con el mal y el buen ladrón, y entonces cuando él me preguntó, gritando a pecho lanceado, el porqué de mi “supuesto” abandono, me quedé como un ídolo de piedra y no supe cómo reaccionar, simplemente y en virtud de mi omnipotente desidia e inacción había decidido pasar versículo y buscarme otro cómplice, de hecho estuve buscando al buen samaritano pero no dí con sus señas, y así sin más, por aburrimiento, porque este Jesús decidió borrarse de los días e inmolarse dios sabrá por qué, le abandoné cómo se deja a la muerte la resolución de una eutanasia.
Como mero espectador presencié su fin, y aquí sí me gustaría concretar que nada tuve a ver con su resurrección y lo que después fue fraguándose en el oleaje de los tiempos prosélitos, cuando consiguió trascender y convertirse en faro de religiosidades y ser pasto habitual de libros, filmes y mercadotecnias.
Por mi todo, Yo me retiré al limbo inexistente en el que todavía aguardo el advenimiento de algún científico (ya que son otros tiempos y sólo confío en sus habilidades para el manejo de axiomas incontestables) que demuestre mi carencia de ser y de sentido, y todo sea lo que verdaderamente es: naturaleza química evolucionando cuyo último fin no es otro que alcanzar mi plena y prescindible comprensión por el hombre.

Septiembre - Nada es fácil(*)
Autora: PianistaDeClub

Han llegado de sopetón. Han venido para irse y llevarme. Dije muy claro lo que queria ¿por qué no me han hecho caso?.
Les decía que han venido para llevarme a otros lugares. Hablan cosas de trenes, aviones, grandes barcos, otras lenguas, tierras lejanas y culturas diferentes. Según mis previsiones, para llegar hasta ese fin del mundo, una servidora de ustedes se habrá encomendado a todos los santos. Y es que me echo a temblar, palabra de honor, ante esos eternos tránsitos, porque, la menda, en saliendo de las calles del barrio, se hace un lío de mucho cuidado. Hago la señal de la cruz y que sea lo que Dios quiera.
No crean que coger las maletas e introducir en ellas, bragas, sujetadores, pantalones cortos y largos, faldas, blusas, vestidos de mañana, de tarde, de noche, bañadores, pareos, y todos los problemas que tiene una, incluidos los del FMI, y recorrer cuatrocientos metros arrastrando una maleta a la que falta una rueda, hasta llegar al lugar de embarque, es tarea fácil para una servidora.
Nada fácil, como tampoco lo es escoger un libro, amigo o enemigo, y menos aún después de leer las ilustradas criticas que por este foro se hacen. La verdad es que yo no tengo problema a la hora de echar uno de ellos a la maleta, siempre toca y nunca falla el divino “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa, aunque venga de vuelta sin abrir.
Lo de la música lo tengo más fácil que nadie. Siempre vienen conmigo “Luisa Fernanda”, “Dª Concha Piquer”, “Carlos Cano”, y algo de los ochenta.
No es tarea fácil desprenderme de mis cosas, ya saben, el sillón, el sofá con olor a mí, el ordenador, el aire acondicionado y mi siesta reparadora.
Con lo bonita que era la blusa de georges rech que vi en el corte ingles. ¡Y mira que lo dije veces!.
Pero en fin..., vuelvo a hacer la señal de la cruz y mando al demonio a tomar por donde mi amiga Eva hubiese dicho, al fin y al cabo, imaginar la cara verde pistacho que pondran algunas, cuando les enseñe mis fotos en las Seychelles, y comer algún bogavante de regular tamaño, valen la pena, aunque, ya les digo, nada es fácil.
Y menos con Pessoa.

Octubre - Este mes tampoco
Autora: Elizq

¡Pobre PianistadeClub, está muy angustiada, vaya debut en el foro!
La verdad es que son unos impresentables, todas y todos. ¿Qué les cuesta echar un cable a la muchacha y pergeñar cuatro líneas, tampoco debe costar tanto, digo yo que con lo que leen, algo se les habrá pegado. A mi es que me puede la pereza, que si no!
Faltan dos días y solo hay dos relatos. Pues nada, uno es un caballero y por pintar una sonrisa en el bello rostro de esa dama hace lo que sea, no será tan difícil, todo es ponerse, como dijo aquel: Un poco de inspiración y un mucho de transpiración. A sudar se ha dicho! Una pizca de ayuda extra en lo de la inspiración me vendrá bien, los clásicos no fallan.
NO HAY SOLEDAD QUE CIEN AÑOS DURE
Unos días mas tarde, cuando se examinaba del carnet de conducir, Aurelia Goodmorning recordó un polo de limón que se había comido el verano que su padre se marchó....

Mmm... no sé, aquí todos son muy leídos y me van a pillar y lo de narrador omnisciente no sé yo si se me dará bien, mejor intento una de aventuras.

SE SUBIÓ A LOS ÁRBOLES POR UNA RAMPA
Sucedió el 14 de mayo de 1777, mi primo Pío, el vasco de Ondarroa, y mi hermano se sentaron juntos, lo recuerdo perfectamente. Estábamos a la sombra del porche y las ramas del abeto...

Pfff…no estoy muy puesto en el siglo XVIII y no tengo tiempo de documentarme que el plazo acaba mañana.

EL VIGILANTE DEL TRIGO
Si están interesados en mi historia querrán saber los antecedentes, de cuando era niño, de mis viejos y demás rollos, pero no me apetece hacerlo...

No, no, así no, voy mal, se trata de contar, no de callar, además no soporto a los adolescentes repelentes, me cargan.

ENGREIMIENTO Y RECELO
Es cosa sabida que un solterón rico debe casarse. Pero se desconoce el sentir y el pensar de un hombre de tal condición...

¡Bah! Para que me voy a engañar, si no soy nada romántico, una novelita rosa no es mi estilo, mejor exploro el lado salvaje del amor.

LOS HOMBRES LAS PREFIEREN INGENUAS
Yéssica, iluminas mis días, enciendes mi interior. Eres mi error, mi ánima. Yé-ssi-ca: la sinhueso culebrea tres veces entre dientes y paladar. Ye-ssi-ca.

Puaj!! Sacrilegio. Esto no tiene alma, ni poesía, ni nada de lo que tiene que tener, además se me ve el plumero. Pues va ser que los clásicos no me sirven, quizá debería inspirarme en algún escritor famoso poco conocido en el foro.
¡Eureka! Creo que ya la tengo, porque es ella, sí, ELLA. Ésta es la mía, la novela acaba de salir y seguro que nadie en el foro la ha leído aún. Ni la leerán. Si lo hacen, la hereje se los come con patatas fritas y mejillones.

EL RECEPTÁCULO DEL MUTISMO
El baño de Gabriel y Pato, en realidad es Patricia, pero todos la conocen como Pato, era enorme, casi tanto como el pisito de soltero donde había vivido él muchos años, antes de que compartieran casa. Tenía ducha y jacuzzi, dos pilas, dos lunas y dos inmensos armaritos, una para cada uno. En cada armarito, los botes y los envases en orden, enfilados concienzudamente, obsesivamente, milímetro a milímetro. Ese arreglo enajenado que Pato aplicaba hasta el postrer rincón de la mansión aparecía a los ojos de Gabriel como algo anormal, perverso y descabellado. Pensaba que era superfluo y lúgubre esa porfía en equilibrar lo hogareño como si así domara el inmenso desorden que al fin y al cabo es la vida.

Bien. Cortito, pero contundente.

Ay, me da no se qué plagiar tan descaradamente, aunque ELLA se lo merezca, al fin y al cabo no he hecho otra cosa que intertextualizar un poquito, ni siquiera he copiado y pegado, como hacen algunas que yo me sé. Pero no, no se lo mandaré a Pianista, me da corte, le mando un mp de ánimo y ya está, ya le han mandado dos y seguro que algún otro le caerá, no serán tan desalmados.
Definitivamente, este mes tampoco participo en el concurso de relatos.

Noviembre - Corre lengua
Autor: Malahablao

“Pobre chico aquel, mira que taladrarle el oído a la emperifollada ésa. Y el pelelón de su novio delante, que fue oírlo todo e invertirse sobre sí mismo, cabreo en puño (para mí que ya venía torcido o enfadado con la Nancy) y agarrar al Vicent de su corbata fúnebre:
-qué le has gritado a mi novia, mierdatío, eh?
Y el Vicent, tan mucha sangre para las mujeres faldonas, y tan pusilánime y recogido para afrontarse a un tipo de genio prorrumpido, si es que no había más que verle la carantoña de charnego y picapedrero del extrarradio que se gastaba, y lo digo ahora al rememorar esta foto, ¿te acuerdas Oriol? Te acuerdas, Oriol? porque es que ni pudimos verle en la riña de tan rápido que se vino todo, y la melé de rugby que se creó cuando llegaron los nacionales en ayuda del charnego, que tú y yo nos preguntábamos qué por qué tanta violencia por un piropo a destiempo, reacio, mientras intentábamos reflotar al Vicent del fondo de esa ciénaga de ostias y puñetas en el que estábamos todos perplejos, recibiendo algún golpeo siniestro que otro, y eso que a nosotros ni fu ni fa, que el Vicent era el que nos caía en desgracia de todo aquel grupo que regresábamos del auditorio lírico y de la sesión de mecanografía para eruditos del Régimen, tan “totusap” el Vicent y melindroso y tan viriloide que se creía la encarnación mejorada de Alain Delon, y según luego nos dijo, ¿te acuerdas Oriol? La Trini nos dijo que tuvo un affair con él en las cunetas de Montjuic, aparcado el Simca, allí los dos reclinados y que no le levantaba el pirulo ni siete milímetros de la vertical, eh Oriol, eh...
Y que tuvieron que llevarle luego al Vicent a las urgencias en el taxi ése de Bilbao que a ras del bordillo parecía esperar alguna desgracia en el macadam de la Laietana, escoltado por los dos picoletos aquéllos de paisano que a la vez que repartían mandobles dispersaron la trifulca, con esa cara de preconstitucionales que atesoraban, daban miedo de galeras, de meterte el pico del águila facciosa por el rodal de nuestros culos, compañeros de promoción del novio medio sureño, y se lo llevaron al cuartelito con la visión mermada y el labio en descuelgue libre, mientras el bravucón del novio y la afectada mojigata de su novia con su abrigón de paño en hueso se marchaban hacia la Barceloneta con el “vist i plau” de la secreta, los dos esta vez arracimados y seguramente cachondos por la defensa del decoro salvado, los dos en amorío suelto a triscar en algún habitáculo de entresuelo, por módicas pesetas y una sábana engalanada de cenefas aunque sucia…
Y todo, te'n recordes Oriol? Todo por un piropo a granel tan de la época, típico y poco dañino, que hubiese pasado sin más gloria y desapercibido a no ser que el todolosabe y tontainas del Vicent hubiese tenido la deferencia de no lanzar el halago en catalán prohibido: "tens un cul que te’l menjaria cagat i tot, que si vols butifarra per al teu pa amb tomaca…”

Diciembre - Claire Afterhour
Autor: Mala

Claire Afterhour pasa por ser una autora para minorías sexuales. Su condición de travestido, su envaramiento en un embalaje varonil y su voladiza alma de mujer en ciernes, otorga a su descuajeringada prosa de matices que desorientan a los dos grandes sexos predominantes.
En el centro del debate público, su última novela “Chorros de un licor fangoso” se ha convertido, no tanto en un emporio de la desinformación “orificial”, como en un legítimo baluarte a favor de las sociologías del permisivismo erótico.
Pese al posicionamiento de espaldas de la crítica más encarnizadora, en su novela Claire Afterhour ahonda en las ranuras que la cotidianeidad obstruye, impidiendo el desenlace absoluto de los resortes del alma apocalíptica que cada ser humano alberga dentro de sí mismo. La sevicia, que ya prorrumpía sin corsés en su anterior novela breve “Desaguando en un platillo de dulces”, adopta ahora la condición de destino inexorable de unos protagonistas carentes por completo de bonhomía.
En “Chorros de un licor fangoso” un Ex Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, que abdicó de su Pastoral Humana, dedica sus últimos años de vida y conciencia a recorrer las más depravadas saunas de ambos hemisferios y copular en jacuzzis y termas siempre a una temperatura del agua constante de 35 grados Celsius.
La novela, ambientada en esta desolada actualidad, se sucede como una plegaria del hombre a favor del libertinaje de sus más desinhibidos instintos.
“Esta novela, la podría haber pintado El Bosco, es un jardín de las perfidias y porno metrajes humanos” (Mario Baquerizo, Divinity)
“Claire Afterhour ha penetrado en el abismo intestinal de las médulas humanas, lo más interesante desde Sade y su Marquesado” (Sean Priscila, The New Yorker).
“Sin duda la revelación de la semana, nos ofrece un balance desconcertante sobre la humidificación sensual y sus aportes nihilistas” (Bianka Semprún).
“Impertinente, descascarada, perturbadoramente incomplaciente, Claire Aftehour ha forjado un libro tan afrodisíaco como pueda ser abrir el íntimo álbum pornográfico de las grandes Divas del Séptimo Arte” (Paulo A pelo, O Globo).



Última edición por PatoBB el Sáb Abr 07, 2012 2:26 am, editado 1 vez
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Re: Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

Mensaje  Medea el Vie Abr 06, 2012 11:15 am


Gracias Pato! Me ha encantado re-leerlos toditos-todos!
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Re: Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

Mensaje  Menuda el Vie Abr 06, 2012 8:23 pm

Una sugerencia: podrías añadir "relatos Concurso Wara" en el título del hilo por favor? creo que merece especificarse... Like a Star @ heaven , sinó se puede confundir con otros relatos o juegos-textos que podemos haber hecho en otros temas. Gracias! Like a Star @ heaven
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Re: Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

Mensaje  larama el Sáb Abr 07, 2012 12:45 am

Vaya curro, gracias Pato.
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Re: Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

Mensaje  Magari el Sáb Abr 07, 2012 1:44 am

!Buenoooooooooooo, qué sorpresa! cheers .
Felicidades por la idea, Pato, y gracias por el trabajo queen .
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Re: Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

Mensaje  PatoBB el Sáb Abr 07, 2012 2:27 am

Menuda escribió:Una sugerencia: podrías añadir "relatos Concurso Wara" en el título del hilo por favor? creo que merece especificarse... Like a Star @ heaven , sinó se puede confundir con otros relatos o juegos-textos que podemos haber hecho en otros temas. Gracias! Like a Star @ heaven

Hecho, de todos modos está en el hilo del Concurso Wara Like a Star @ heaven de relatos, no creo que se confundiera con otra cosa I love you
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Re: Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

Mensaje  Mala el Dom Abr 08, 2012 12:15 am


iniciativa pluscuamperfecta Pato, la verdad es que me estoy solazando con las relecturas...moltes gracies (es que me tenía asustada leyendo YO CONFIESO en catalán, mare meua dels desamparats quina moral que té vosté) Razz Razz eso es como leer EL TIRANO BANDERAS de Valle en español, mucho peor vamos!!!
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Re: Los relatos ganadores del Concurso Wara 2011

Mensaje  PatoBB el Dom Abr 08, 2012 2:45 am

No Mala, que lo empecé en catalán, pero la reina queen me lo envió en castellano y el switch fue inmediato.

Igual me descubrí un poco como Adriá Razz Razz Razz ... una vez que uno conoce varios idiomas, leer otro que use el mismo conjunto de caracteres no es taaaan complicado - no le digo hablarlo o escribirlo, pero leerlo... con diccionario online, ventajas del e-reader... en fin. Very Happy.

Es que es bonito el catalán, no me diga que no. Y a esa novela es el idioma que le cuadra.

Muy apropiado su relato "En verdad queréis saber..." para estas fechas.
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