Relatos WARA Junio 2012- COMER FUERA DE CASA

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Relatos WARA Junio 2012- COMER FUERA DE CASA

Mensaje  Mala el Lun Jun 04, 2012 7:58 pm


Este gastronómico mes, cuya propuesta tematológica es COMER FUERA DE CASA, ya conocen el proceder: hasta el 20 de junio no te prives de condumio. Y participen.

Saludines
avatar
Mala

Cantidad de envíos : 3801
Edad : 46
Localización : Valencia
Fecha de inscripción : 14/03/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos WARA Junio 2012- COMER FUERA DE CASA

Mensaje  Mala el Jue Jun 07, 2012 10:54 pm

Bueno, ya tenemos a la primera madrugadora en este més de relatos...


LA MESA CONTIGUA

Sin saber muy bien el siguiente paso que debía dar, me quedé esperando que trajeran la cuenta. Pero antes, he de remontarme unas horas atrás. Hacia las tres y media de la tarde me sobrevino un apetito implacable y decidí entrar en aquel restaurante del que no esperaba salir hasta pasadas las dos de la madrugada. Me senté ante una mesa, y durante la impaciente espera, anduve enredando con el juego de cubiertos, con la servilleta y la copa y el vaso que translucían sobre la mantelería purísima.

En la mesa contigua un serial de amigos protagonizaban un extraño encuentro: no dejaban de reírse y de aludir a historias virtuales, acometiendo temas de calado, destripándolos, como si un fleco de despedida presencial les obligara a ponerse al tanto de cada minuto de sus existencias. Yo realmente tenía seria hambre, y les miraba con delectación los platos que iban consumiendo, y el vino que escanciaban e incluso las migas de pan que, desperdigadas sobre su mantel, parecían riquezas de oro para mi destartalado estómago.

Cuando llegó a mí el camarero, y tras dejarme la carta para que escogiese, y durante el tiempo que la remiré con devoción gustativa, me llegaban los ecos de los brindis que en la mesa contigua iban sucediéndose:…por la Neke…por Clarisa…por Maldito…por Émulo Canoro…por El Jefe y por Johny...por Albanta...por la Rusita…por la Reina Ginebra…por Buf y por Joma…y así iban eternizándose, levantándose cada cual como émbolos ante su vaso de champagne o licores fuertes, entre risas desbridadas y la bandeja de cafés e hielos que iba diseminando un alelado camarero.

Para mi divertimento, aún se quedaron para la sobremesa, mientras yo apuraba mis dos platos y el postre y los últimos posos del vino etiquetado que me iba a dar valor para pronunciar aquella frase de los mil demonios.

Hice una seña para que se acercara el camarero, el cual avisado de la hora, vino acompañándose de la bandejita con el importe del ticket, la cual depositó sobre mi mesa cómo si estuviese sirviendo el plato estrella de la casa.
Al mirar la cantidad debida me cundió una fortísima pena nacida de la abultada carencia, justo cuando en la mesa contigua se levantaban todos y alargaban sus brazos para asirse al cuello de el de al lado, formando un círculo chisposo y altisonante, y entonaban la música y cantaban la letra del “No llores por mí Argentina”, como si una distancia atlántica quedase reducida a un par de saltos sobre un riachuelo de aguas cristalinas.

-Lo siento mucho de verdad, pero no tengo dinero para pagarte la cuenta, si quieres te puedo fregar todos los platos, barrerte el local, las ventanas, los baños, lo que queráis…

avatar
Mala

Cantidad de envíos : 3801
Edad : 46
Localización : Valencia
Fecha de inscripción : 14/03/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos WARA Junio 2012- COMER FUERA DE CASA

Mensaje  Mala el Vie Jun 08, 2012 3:29 am

Y tenemos una segunda y magnífica contribución...así se hace la boca agua así así

Comer fuera de casa

Cada día llegaba a las dos de la tarde, se sentaba en la misma mesa, y echaba un vistazo rápido al menú. Mientras comía permanecía ausente, mirando sin ver, perdido en sus pensamientos. Al terminar el café apartaba el plato, el vaso, limpiaba con cuidado las posibles migas, y sacaba del bolsillo un bolígrafo de gel, uno de esos que no perforan el papel, y sus ojos cobraban vida mientras llenaba la mesa de historias sin saber que después ella retiraba el mantel y lo enrollaba con cuidado para leerlo por la noche.
Durante meses aquellos manteles le hicieron vivir aventuras peligrosas; en ellos viajó a lugares lejanos y conoció mundos inventados. A veces sentía que aquellos manteles no eran sino cartas enviadas por desconocidos que le permitían asomarse a sus vidas para reír y, en muchas ocasiones, llorar con ellos. No le hizo falta preguntar a nadie para enterarse, escuchando los comentarios del barrio, de que él pasaba el día encerrado en la casa, cuidando a su madre, y que el de la comida era el único momento en el que se permitía hacer lo que quería. A veces él se retrasaba y a ella se le aceleraba el corazón hasta que le veía empujar la puerta, ignorante de su angustia, ajeno a ella, ajeno a todo lo que no fueran aquellas historias mágicas que llevaba dentro.
Un día no apareció, ni al siguiente, ni al otro. Cuando se enteró de que la madre de él había muerto, lloró amargamente al darse cuenta de que no iba a volver; ya no tenía motivos para escaparse a comer fuera de casa.
avatar
Mala

Cantidad de envíos : 3801
Edad : 46
Localización : Valencia
Fecha de inscripción : 14/03/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos WARA Junio 2012- COMER FUERA DE CASA

Mensaje  Mala el Sáb Jun 09, 2012 1:13 am

Vamos a toda velocidad, otra magnífica aportación:



La empanada de mamá

Este mes es muy especial para mí. Se abren por vez primera los populares, mágicos, deslumbrantes y, sobre todo, enormes almacenes Harrods en el centro de Sydney, la capital australiana. Yo, como triste y alienado conciudadano, estoy tan contento como si fuera el encargado de inaugurarlo, y mi felicidad sin duda se atribuye al hecho de que es el primer empleo serio de mi vida. No es, sin embargo, un evento aislado, ya que por esas fechas también acontece la no menos pomposa elección del nuevo alcalde de tan insigne ciudad, don Bartholomew Spunner, orondo y afable personaje, que se ha sabido ganar a pulso a sus electores a base de falsas promesas de mejorar el país en uno u otro aspecto, pero ¿qué político no miente para conseguir sus objetivos?.

Desde las 8:00 am estoy de pie en la entrada, aguantando un frío glacial, esperando que el mencionado alcalde, que se ha servido hacer los honores, se persone y corte la cinta que abrirá las puertas del nuevo centro comercial, hecho que no se producirá hasta las 10:00 am. A pesar de ello, observo con detenimiento a un grupo nutrido de personas de todos los rangos y categorías sociales, repartidas por la acera adyacente, con un número indeterminado de sacos de dormir, mochilas, tiendas de campaña y termos de café, que, sin orden ni concierto, conforman un peculiar mosaico en esta glacial mañana de Marzo, y que, sin duda, han estado haciendo noche para ser los primeros en entrar y comprar.

A pesar de que los almacenes Harrods son de todo menos económicos, hay en este variopinto grupito varios, diríase por su indumentaria, indigentes, que suman a su lamentable estado, varios cartones de vino derramado a sus pies, haciéndome dudar si verdaderamente están aquí por la inauguración o para pedir limosna, aprovechando la coyuntura, y como suele ser habitual en la zona.
Tengo las manos tan congeladas que no me apetece sacar el libro de la faltriquera, así que decido fumarme un pitillo. Volutas de vaho solidificado tiñen el aire violáceo de la mañana con cada bocanada, haciendo de este arte puro entretenimiento, que me evade momentáneamente de pensar en los 5 grados bajo cero que marca el reloj de la marquesina de la esquina. Aun así, opto por frotarme las manos rítmicamente para entrar en calor, si es que eso es humanamente posible.

Miro el reloj: las 8:20h, chasqueo la lengua impaciente y enciendo otro cigarrillo. A este paso, van a tener que recogerme como bloque de hielo solidificado y calentarme después al baño María, pienso con sorna.
Todavía recuerdo el día que fui seleccionado de entre una larga lista de más de 3.000 candidatos, hubo una dinámica de grupo y fui el primero en intervenir, hecho que cuenta sobremanera y suma unos buenos puntos para ser finalmente escogido. El tema era la posible influencia de la política en los conflictos bélicos. No es que estuviese versado en el tema, pero a mi verbo fácil le sumé algo de conocimientos por ser mi padre ex congresista, y el resultado fue que expuse mis argumentos con solidez y convicción.
El día siguiente por la mañana me comunicaron la buena noticia.

En esos vericuetos estaba enredado cuando algo parecido a una sirena me sacó de mi ensoñación. La limusina negra del mismísimo alcalde Bartholomew Spunner se aproximaba majestuosa, con sus dos banderines ondeando a ambos lados del capó, hasta pararse a pocos metros de donde estaba situado, haciendo chirriar las ruedas delanteras por el brusco frenazo. El chofer se avino al lado del copiloto y abrió la portezuela, de la que emergió la sonriente y amplia figura del alcalde.
Cuando vio mi saludo con la mano, reparó en mí y dijo: “¿Estás solo aquí hijo?”. A lo que le conteste que echara un vistazo a su alrededor. Cuando reparó en la acera repleta de gente, se giró hacia su chófer y replicó: “Bueno, bueno…vamos a tener que dar un café caliente y un croissant a toda esta gente, ¿eh, Alfred?”. El aludido le correspondió con una sonrisa de complicidad. Los indigentes más sobrios se levantaron de repente, como imantados por la figura imponente del Alcalde, y le dieron las gracias más efusivas que se recuerdan.

Miré de nuevo el reloj, las 9:55h, ya sólo faltaban 5 minutos para el gran momento. Me froté otra vez las manos, aunque esta vez no por motivo del frío, y por fin se abrieron las puertas. La gente que aguardaba sentada, entró en tropel, entre empellones y codazos, de los que recibí buena parte, hasta que finalmente pude acceder al recinto. Lo que ví sólo era comparable a la mejor de las catedrales, con sus inmensos techos abovedados, sus 4 plantas que se podían distinguir claramente desde mi ubicación, a las que se accedía, claro está, mediante las oportunas escaleras mecánicas y allí en medio, cuando mis ojos se acostumbraron a la exagerada luminosidad del interior, aguardaba sonriente el jefe de personal que finalmente me había seleccionado. “Bienvenido Sherman, ¿qué tal estás?. Ahora mismo te vamos a asignar un departamento para que empieces a colocar mercancía. Hoy se espera una afluencia masiva de clientes, va a ser un día duro, jovencito”. ¿Duro? me dije, ¿quién dijo duro?. Estaba tan contento de poder empezar que la mañana se me pasó volando entre tanto trajín, y ni siquiera llegué a percibir como el Alcalde conversaba con el jefe de personal, de nombre Henry Dawson, sobre mi velocidad y mi asombrosa capacidad de asumir un encargo tras otro.

Llegó la hora del almuerzo y le pregunté a un compañero de faenas donde se podía comer tranquilamente, a lo que respondió que ellos salían con su “tupper” a un parquecito aledaño situado a tan sólo dos calles del centro comercial. Esa mañana mi madre me había hecho una deliciosa empanada casera, deseándome que tuviera mucho éxito en mi nueva empresa, y sin saber las consecuencias que su deseo tendría en los acontecimientos que se avecinaban, que me sentó de maravilla cuando decidí degustarla en el mencionado parque rodeado de los compañeros, que resultaron ser a cuál más simpático y enrollado. El día se había aclarado parcialmente, y un sol que apenas calentaba pugnaba por hacerse un hueco entre las casi opacas nubes. Sin apenas darme cuenta una serie de cazas del ejército surcaron el cielo en medio de un rugido atronador, dejando tras de sí una estela de variopintos colores, que se iban difuminando poco a poco. Entonces, mirando embelesado las fugaces máquinas, pensé que mi madre tenía razón e iba a ser un buen día.

Volví al trabajo antes de lo habitual por mi, desde siempre, estricta puntualidad, con la consiguiente queja del resto de compañeros, y para mi sorpresa me aguardaban a la entrada el jefe de personal y el rechoncho alcalde. Temiéndome lo peor, no me atreví a preguntar, y tras unos segundos de incertidumbre, el que rompió el hielo y tomó la palabra fue el de mayor cargo, y lo que me dijo en aquel momento, aún hoy, después de tantos años, lo recuerdo palabra por palabra: “Sherman, Henry y yo hemos observado tu evolución y tu desempeño esta mañana y…nos han sorprendido gratamente. Has sido rápido y eficiente y no has dicho que no a ninguna tarea, no como la mayoría de tus compañeros, que no han hecho otra cosa que zanganear y tocarse la barriga. Este es el tipo de personas que no querría ningún empresario con dos dedos de frente. En cambio a ti te rifarían en cualquier parte. Por eso, hijo, quiero darte una oportunidad: a partir de mañana quiero que seas mi asesor personal cada vez que acuda a inaugurar un evento como este. Y es más: quiero asignarte un buen sueldo y tu propio despacho, al lado del mío, para que, si tu quieres, trabajemos codo con codo y poco a poco vayas metiéndote en este terrible mundo de la política. Tu disposición hará el resto. Sé te ve buen chico y por descontado, muy trabajador. No se hable más. El Lunes a las 9h te espero en mi despacho”.

Y es que, como ocurre desde que el mundo es mundo, una madre nunca se equivoca, y quizás si no me hubiera dado prisa en hacer mi trabajo esa mañana, no hubiera comido fuera de casa con el “tupper”, me hubiera quedado en el parque con los holgazanes compañeros, y no hubiera vuelto antes a mi puesto de trabajo, nada de esto hubiera ocurrido.
Han pasado veinticinco años. Hoy soy el sucesor de Bartholomew Spunner y candidato a las primarias, e invariablemente una vez por semana acudo a casa de mi madre, ya anciana, a que me prepare aquella deliciosa empanada, que disfruto sentado en el, ahora, desvencijado aunque añorado parque que tantos recuerdos me trae. Y siempre que llego a su casa la digo, con sincero afecto y gratitud: “gracias mamá, no sé qué sería sin ti”. Con toda la razón del mundo.

avatar
Mala

Cantidad de envíos : 3801
Edad : 46
Localización : Valencia
Fecha de inscripción : 14/03/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos WARA Junio 2012- COMER FUERA DE CASA

Mensaje  Mala el Lun Jun 11, 2012 9:54 pm

Otro estupendo relato en la nómina de los célebres....

NOS ACOSTUMBRAMOS

Las cosas suceden sin que tengamos la opción de ser partícipe de ellas.
Iñaki escogió esa cafetería como podría haber elegido otra. Nos acostumbramos a verlo entrar cada tarde con su libro en la mano y ese aire informal, pero no descuidado. Y por esa misma costumbre, le reservábamos la mesa del fondo del local junto a la cristalera naranja.
Nos acostumbrábamos a lo que habitualmente consumía: su cortado con un poco de canela, croissant, y un vaso de agua fría.
Yo lo observaba detrás de la barra sin que el se percatase de ello; ensimismado en su lectura y en subrayar algún párrafo que le distraía y le obligaba a parar momentáneamente .
Mi compañero de trabajo no se cansaba de decirme lo solo que se le veía a ese hombre. Yo le respondía: "la soledad en compañía es buena , si hay un entendimiento mutuo entre los recuerdos y el presente".
Esa tarde de Noviembre me dejó la primera frase escrita , que yo interpreté como un descuido sin más. Mi curiosidad me llevó a leerla y a confirmar de que sin ser observada, también se estaba dando cuenta de que era observado. "Es absurdo creer que se puede controlar la vida". Recogí es pequeño trozo de papel, lo guardé en el bolsillo de mi pantalón y le observé como echaba a andar sin inmutarse.
Cambié la decoración de las mesas, a los pocos días, y puse un jarrón de cristal cromado con una rosa amarilla. Y en la mesa del fondo, un cuaderno y un bolígrafo.
Su tiempo se fue alargando en el local. Se estaba dejando llevar por una comodidad inusual que le permitía llamarme por mi nombre, Silvana, y preguntarme cómo me había ido en el día .Una de esas tardes, de ese mismo Noviembre, me senté cinco minutos con él ( a esa hora, ocho de la tarde, el trabajo disminuía) y le pregunté si se quedaría a cenar.
Iñaki no tenía por costumbre conversar comiendo. Me dijo que se había acostumbrado a los largos silencios y que encendía el televisor para espantar los hábitos de los demás mortales cuando compartían una cena, o un almuerzo.
En ese pequeño espacio del local que hicimos de un encuentro, una convivencia, nos enamoramos. Colgué las frases, ya encuadernadas en las dos esquinas de la pared. Estábamos rodeados de charla y de un entendimiento distinto ,que por prudencia ni se nos ocurría ponerle nombre.
Otra tarde de ese mismo Noviembre le celebré su cumpleaños y no hubo pastel ni felicitaciones. Por primera vez era yo la que le dejaba una frase en la mesa:
"No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos".
avatar
Mala

Cantidad de envíos : 3801
Edad : 46
Localización : Valencia
Fecha de inscripción : 14/03/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Relatos WARA Junio 2012- COMER FUERA DE CASA

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.