de la "carne de tele"...

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de la "carne de tele"...

Mensaje  Jaume de Ponts i Mateu el Mar Nov 13, 2012 2:19 am

¡Ah!; era yo muy joven..; y, no recuerdo cómo se pudo convencer a ma iaia, a.c.s., ¡visceralmente anti-taurina!; pero, la cuestión es que estábamos allí. Ciertamente, ¡eran unos amigos de tota la vida! Y, para qué nos vamos a engañar.., se trataba, ¡en aquella mierda de "España"!, de el acontecimiento del siglo. Ma iaia, a.c.s., era alguien que consideraba crucial mantenerse en su sitio, sí..; pero, al fin y al cabo, ¿quién no quería saber de los que hasta salían en el No-Do?

Sus amigos SÍ que habían ido a ¡aquella boda! Y, tenían, ¡entonces!, un LUJO absolutamente insólito y del todo sibarita: una filmación.

Se organizó una verdadera ceremonia; ¡con invitaciones formales y !; aquellos grises tiempos...

Fuimos TODOS; ¡incluso mi padre, a.c.s.; que, era un ser casi invisible en mi home!, ¡incluso mon iaio, a.c.s.; que, sentía verdadera fobia –y, NO lo disimulaba- por lo que él llamaba “les coses de ta iaia”!

A mí, después de preguntarme por los estudios y tal, constatar lo guapete que me había puesto y demás protocolos de rigor, me dejaron, recuerdo, totalmente en paz. Era el único, además, que tenía menos de 40 años. Como ma iaia, a.c.s. -que yo JAMÁS dudaba me seguía con la mirada en todo momento...-, lo hubiese considerado delito de lesa majestad, me olvidé de bombones y todo lo que, quizá, me hubiese interesado y me senté a ver lo que habíamos venido a ver... NO esperaba, desde luego, que me interesase..; yo había ido con la esperanza de que estuviese el hijo de la casa, que era de mi edad, que me caía tela bien y que, por esas cosas de la vida, hacía tiempo que no veía. Pero, no estaba.

¡Ah!; se apagaron, sí, las luces...

En la magia del blanco y negro surgió la LUZ...

FLIPÉ. Aún sigo flipando, recordándolo, cuando cierro los ojos...

La divina, entonces, ¡ni siquiera tenía 18 años! Vestida con su hermosísimo, celestial vestido de novia ¡no parecía que se fuera a casar!; era una bellísima virgen niña, impecablemente inmaculada, dirigiéndose a su primera comunión. Yo NO podía creer que fuera de verdad..; reconocía el famosísimo torero, su padre, que la llevaba al altar; reconocía, sí, el también ya célebre torero a quien iba a ser entregada; reconocía TODO...

¡Pero, ELLA!

Ella, damas y caballeros, era la BELLEZA; la BELLEZA en estado totalmente puro, como es la BELLEZA, seguro, allá en el empireo.

Absolutamente IMPOSIBLE no enamorarse fanáticamente de ella; S.A.S. la princesa Caroline de Mónaco, a su lado, era, simplemente, humana.

Hoy dicen, en fin.., que el Eterno, en su infinita ecuanimidad y lucidez, la sumergió en un tsunami vertiginoso de anhelo de pollones, en mil montañas rusas de éxtasis esnifados, en un delirio de catarsis en que hasta el número de jadeos de sus polvos tuviese una cotización en pasta de curso legal, ¡no para que constatáramos la humanidad de los mitos que fabricamos, lo inane de pretender que los/as demás sólo son explicables con nuestras premisas y que es axioma intrínseco al RESPETO que merecen nuestros/as semejantes que cada cual vive su vida a su manera!, sino SÓLO para que supiéramos que “el que la hace la paga” y se le echara una manita a la campaña que se llevan los de siempre con el slogan idiota e insultante de “la droga mata”.

Hoy, como ayer, damas y caballeros, los/as impotentes, los/as donnadies amargados/as, los/as miserablemente envidiosos/as de siempre, ¡bajísima basura!, rebuscan ¡en el pozo guarro de sus propias psicopatías y sus obvias cobardías!, para encontrar fango y excrementos con los que intentar enguarrar, por ejemplo, ¡ellos/as son tan y tan FEOS/AS!, lo que, ¡por favor!, siempre será la BELLEZA.

La otra imagen de la divina de que me gustaría, si me permiten, hablarles es más reciente...

Ya, mes amis/es, ¡había villanas y villanos que se llamaban, fantasmonamente, hasta “periodistas” que se permitían hasta criticarla en la tele!; ya ella, muy poco dada a olvidar cuál era, ¡QUÉ lujo!, su sitio, había dicho para la Historia aquello de “a mí, plin: yo soy una Ordóñez Dominguín”; ya, en fin, las personas como yo, ¡por muy enamoradas que siguiésemos de la BELLEZA!, por mucho que o bien comprendiéramos o bien pasáramos, digamos.., para no ponernos bordes.., como que, en fin.., no teníamos tiempo de leer ni el ¡Hola!, ni el Lecturas, ni el Pronto, ni...

Y, entonces, ¡oh, entonces!, su hijo, un chico guapísimo que era torero de mucho cartel ya, se casó ni más ni menos que con la benjamina y única hija de ni más ni menos que Su Señoría la Duquesa de Alba de Tormes, el top de la aristocracia en la piel de toro, el “que, NO somos reyes; mas, los reyes descienden de NOS”; un braguetazo con todas las de la ley, vaya.

Yo lo ví por la tele, sí... ¡La superlativa, absolutamente maravillosa heredada diadema de la emperatriz de los franceses en las sienes de la duquesita fué el VERDADERO acontecimiento (¿saben que la compañía de seguros de la susodicha diadema PAGÓ quieras o no –la duquesa de Alba de Tormes se puso INFLEXIBLE con que quería que la llevase su hija...- absolutamente toda la security del evento?)!; pero, la divina, ¡oh, la divina!, tuvo aussi, genio y figura.., su momento.

Visualicen, please: allí estaba TODO aquel que contaba; ¡hubo peleas de antología al más alto nivel por conseguir estar en el portento de bodorrio!; hay que tener en cuenta –entre otras cosas..; claro, claro, claro...- que, por ejemplo, donde se casa la Casa de Alba de Tormes SÓLO se pueden casar, además, los mismísimos soberanos. NADIE más.

SÍ, damas y caballeros: estaban, por supuesto, TODAS las altas damas encopetadas que ya no la invitaban, TODAS las figuras del país que se hubieran muerto de vergüenza si se hubiesen visto obligados a saludarla públicamente, TODOS los caballeros que siempre, repito: siempre, habían afirmado a sus escandalizadas esposas que NUNCA, jamás de los jamases, habían estado a menos de un par de kilómetros de aquella, la piel de toro entera lo cantaba como si fuese una copla.., "golfa", de aquel pendón, de aquella perdida.

Mais..; cette éclosion!; ¿creen que cuando la divina entró, tuvo empacho alguno en que TODAS las miradas buscasen en su rostro siquiera un asomo de, al menos, azoro?

Mírenla: su cabeza alta, como una faraona en la edad en que los esclavos suspiran aún MÁS por ella (¡cómo sabe CUÁNTO la envidian quienes ansían siquiera un asomo de tropezón!) porque se han hecho mayores y han comprobado que NO todas las mujeres son iguales. Observen, ¡oh!, su sonrisa; y, sí.., CUÁNTO procura que NADIE escape a ella. Hay quienes, por eso.., todavía, todo un manojo de enmudecidas rabias y maniatados tembleques empapado de escondidos sudores, ESPERAN...

La duquesa saluda entrañable a su amiga y dentro de consuegra... Parbleu!; les rechinan las compuertas, ¡cuánto las fuerzan su odio escandalizado y su enfebrecido desprecio!, a quienes, ¡sí!, ESPERAN mientras ella, ¡que de FELIZ ya ni los ve..!, se coloca del eco de los vivas a su belleza, a la belleza de su hijo y a la sangre que le corre por las venas que el pueblo, ¡un GENTÍO, claro!, ante las puertas catedralicias no deja ni un momento de gritar...

¡SÍ!, el sacerdote ¡no se ha hecho el sueco!; es una divorciada, ¡NO puede comulgar, ni siquiera porque es una boda ducal y están todas las teles! Quienes ESPERAN taladran el aire para no perderse ni un ápice del espectáculo de ésa puesta en su lugar en la mismísima plaza...

¿Saben?; dicen que fué una decisión al MÁS alto nivel en la Casa Ducal y que sólo le hizo falta al hijo que hizo de padrino de su hermana una conocida mirada de su madre para saber que NADA podía objetar a, llegado el momento en la boda, NO comulgar para que la que sería suegra de su hermana y era así como una hermana para su madre, le pareciese lo que a él le pareciese, NO quedase ni una micra en evidencia. Dicen también, damas y caballeros, que la mirada de la duquesa, mientras duró el momento clave, NO se movió del oficiante. Ni un parpadeo. Y, como es público y notorio, al oficiante le ha ido, posteriormente, muy bien.

SÍ: quizá, ultra ¡los que, mediocres orates, ESPERABAN..!, sólo la duquesa estuvo pendiente allá de todo eso (¡quería que todo fuese PERFECTO!, ¡era TAN amiga suya!); y, por tanto, quizá sólo ella se gozó viendo el achicharramiento tras algunas miradas babosas... ¿La divina?; ¡oh, no!; quizá ¡ni se dió cuenta ella de lo de comulgar..!

Ella ya sólo era FELIZ. Recuerdo {al ver, cuando salía de la boda, a unos reporteros de los que, cuando nadie de los suyos la saludaba, algo le dieron y mucho la acompañaron, allí luchando ellos entre reporteros de grandes agencias, equipos televisivos y seguratas de todo tipo} cómo se acercó para que pudieran hacerle fotografías y cómo saludaba campechanamente a uno y otro haciéndoles con el dedo el signo del TRIUNFO (¡y, sus ojos deseaban que los ojos de delante lo COMPARTIERAN con ella!) con una SATISFACCIÓN (¡y, sus manos y sus labios ansiaban COMPARTIR la que sentían las manos y los labios de delante!) que exhalaba como un perfume afrodisíaco.

Sí, sí, sí..; claro, claro, claro..; son sólo un par de imágenes que me han quedado... ¡NO!, no voy a pretender que la pongan en un altar...

Siempre, en cualquier caso, a su disposición.

Jaume de Ponts i Mateu
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12/11/2012, 15'18 hs. p.m.
¡Oh, la HISTORIA!
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Jaume de Ponts i Mateu

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