FELIPE ALFAU

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FELIPE ALFAU

Mensaje  Nathan Z. el Vie Dic 05, 2008 5:39 am

Pensaba que era un personaje de ficción (aparece en el último libro de Eduardo Lago, "Ladrón de mapas"), pero hoy, echando un vistazo en la librería, me he encontrado con un libro suyo, "Locos" (precisamente el libro del que se habla en "Ladrón de mapas").

Felipe Alfau (Barcelona, 24 de agosto de 1902–Nueva York, 1999) fue un escritor español, emigrado a Estados Unidos, que escribió la mayoría de sus obras en inglés.

Emigró a Estados Unidos con su familia cuando contaba sólo catorce años, en 1916, y vivió allí durante el resto de su vida. Estudió música y durante un tiempo fue crítico musical de La Prensa, diario neoyorquino en lengua española. Más adelante trabajó como traductor en el Morgan Bank, en Wall Street, y dejó de escribir. Sus últimos años de octogenario los vivió en una residencia de ancianos de Nueva York, gracias a una pensión de indigente concedida por el ayuntamiento de la ciudad.

Escribió dos novelas en inglés: Locos: Una comedia de gestos ("Locos: A Comedy of Gestures", 1936); y “Cromos” escrita en 1948 pero editada en 1990. Locos es una serie de relatos relacionados entre sí cuya acción se desarrolla en Toledo y Madrid, y en la que participan numerosos personajes que llegan a desafiar los designios del autor y a escribir sus propias historias, e incluso a intercambiar sus papeles con otros personajes. Locos fue recibida con interés por la crítica, pero no tuvo éxito de ventas. Fue reeditada en 1987 por una pequeña editorial, y conoció un discreto éxito. Gracias a esto se publicó su segunda novela, Cromos ("Chromos") que Alfau había escrito en 1948. Cromos trata el tema de los emigrantes españoles en Estados Unidos; el título hace referencia a que los recuerdos de los emigrantes son como cromos de imágenes tópicas sobre España. Esta segunda novela llegó a ser candidata al National Book Award en 1990. Las dos novelas fueron traducidas al español poco después.

Alfau escribió también un libro de poesía en español, La poesía cursi, escrito entre 1923 y 1987, y publicado en 1992; y un libro de relatos infantiles, en inglés, Old Tales from Spain("Cuentos españoles de antaño"), escrito en 1929, donde se reúnen diez relatos inspirados en leyendas tradicionales españolas
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Nathan Z.

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Re: FELIPE ALFAU

Mensaje  Nathan Z. el Lun Dic 08, 2008 3:27 am

La editorial barcelonesa Backlist repesca ahora Locos, una joya publicada por vez primera en España en 1990 y casi imposible de encontrar incluso en las librerías de lance. A primera vista podría parecer que se trata de una heterogénea recolección de cuentos escritos por un lechuguino barcelonés que se afincó en Nueva York durante la Primera Guerra Mundial y que en 1936 los publicó en inglés porque deseaba hacerse famoso en su país de adopción. Las enciclopedias dicen que dichos cuentos le valieron una cierta relevancia inicial al autor, un tal Alfau, pero que casi de inmediato cayó en el olvido hasta que fue redescubierto en Estados Unidos cuando contaba 86 años de edad y vivía en una institución caritativa. Como es lógico, para entonces sus intereses ya estaban pendientes de un acontecimiento que con toda probabilidad él debía de intuir inminente (de hecho murió en 1999) y por ende mucho más serio y trascendente que la fama o aquel reconocimiento póstumo.

Y nadie lo diría, pero debajo de esa escueta noticia enciclopédica se esconde una obra decididamente original, sugerente y muchísimo más ambiciosa de cuanto pueda parecer.

Es de señalar, de entrada, que se trata de una prosa narrativa muy meditada y trabajada, y en la que hasta la última coma no sólo parece haber sido objeto de reflexión sino que probablemente sea el resultado de una reelaboración reiterada. Incluso el subtítulo, Una comedia de gestos, es necesario y significativo.

Ya en el prólogo el autor empieza el juego de aparentes despropósitos invitando al lector a que lea su libro sin respetar necesariamente el orden de los capítulos. Puesto que son cuentos y todos empiezan y terminan en sí mismos, viene a decir Alfau, no hay un orden lógico y cada cual puede leerlos a su aire.

En su día supe de lectores que hicieron caso al autor y emprendieron una lectura aleatoria sólo para acabar dando marcha atrás y reemprender el camino propuesto entre Alfau y su amigo el doctor de los Ríos.

Y la razón es que, antes o después, el lector aleatorio empieza a detectar que hay personajes que saltan de unos cuentos a otros y que encima cambian de personalidad, biografía y avatares. Así por ejemplo Lunarito -Carmen- hermana Carmela, en principio casada con un tipo apodado el Cogote que luego se transforma en su propio hermano Gastón, por no hablar de los padres, don Laureano -un mendigo al que hemos conocido de camarero en el Café de los Locos- y su esposa Felisa (llamada de igual modo en otro cuento en el que hace de madre de Carmen-Carmela la monja incestuosa) y hermana de don Benito, el prefecto de policía al que le roban la cartera durante una convención de policías que se celebra en Barcelona y que provoca involuntariamente otra convención paralela de chorizos y maleantes llegados en masa a la ciudad condal bajo la premisa -a la postre cierta- de que mientras los vigilantes de la ley estén reunidos la ciudad quedará indefensa y a merced de los desaprensivos.

¿Queda claro? Seguro que no. Pero es que justamente se trata de eso. Pese a la angustia de aquellos lectores aleatorios, su posterior relectura ordenada no les mejoró mucho las cosas porque las arbitrariedades e incongruencias están ahí y siguen siendo las mismas sea cual sea el orden de lectura. Al fin y al cabo se trata de un efecto buscado y, como digo, con todo el aspecto de haber sido largamente reflexionado y trabajado.

En definitiva, lo que cualquier lector advierte es que hay una corriente interna que vincula oscuramente unos cuentos con otros pero sin jerarquizarlos ni incluirlos en un orden cronológico (como ocurriría por ejemplo si fuese una novela tradicional). Y creo que los consejos de lectura que da Mary Mc Carthy en el epílogo son un disparate. No tiene ningún sentido trazarse organigramas (siquiera sean mentales), ni hacerse pequeñas fichas biográficas o leer con lupa para después inventariar los elementos simbólicos introducidos como de tapadillo en una narración para prefigurar otra que igual no llega hasta cuatro capítulos después.

Insisto: esa lectura me parece un disparate. Los cuentos de Alfau conservan casi como por milagro una cadencia y un tono que hacen pensar de inmediato en la narración oral, lo cual invita casi obligatoriamente a escucharlos con la misma desenvoltura con la que de niños aceptábamos que mi patio es particular porque cuando llueve se moja como los demás. Andar buscando lógicas en los cuentos y las canciones infantiles es hacer la labor del entomólogo cuando captura a ese ser errático y maravilloso que es una mariposa y la clava para siempre en un corcho para luego ponerle debajo el nombre latino. Será todo lo científico que quieras, pero has convertido un ser vivo en un objeto de vitrina.

Nota: que en su día yo hiciese la traducción de Locos contando con la inestimable ayuda de Pere Gimferrer no debiera impedirme alertar ahora al lector despistado al que en su día se le escapó esta joya. ¿O sí?

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