"Concursos televisivos".

Ir abajo

"Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Sáb Abr 18, 2009 3:58 am

1

Ciudades con B


Me llamo Paula Pérez. Mi nombre quizá no les suene, pero mi cara tal vez sí. Durante un tiempo presenté un programa nocturno en Teletedio. Era uno de esos programas en que los ingenuos –uy, perdón-, quiero decir, en que los teleespectadores llaman y tienen que adivinar el número de triángulos que aparecen en un dibujo que se muestra en la pantalla, o encontrar una palabra en una sopa de letras, o formar un nombre de persona con unas letras que aparecen desordenadas, dentro de un recuadro de colorines.
Ya no lo presento; tuve que dejarlo. Por culpa de mi novio. Después lo dejé yo a él, a mi novio, mi exnovio. Era un pelmazo, y un pedante. Era tan pedante.
Después de que echáramos un polvo (Te voy a echar un polvo que te vas a morir, me decía; Sí, pensaba yo, de risa), se ponía a recitar poemas en voz alta, o me decía, A qué no adivinas de qué novela es esta frase, y empezaba: En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos, ¿Qué, no lo sabes? si la has leído, te dejé el libro para que lo leyeras el mes pasado, te daré una pista: su autora se murió de un ataque al corazón; que no, que no se te ocurre ninguna, bueno, no importa, a ver si adivinas ésta: Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez; ¿Qué, nada, tampoco? No importa, a ver esta otra...
Un pelmazo, mi ex – novio, no me dejaba dormir. Yo lo llamaba -sin que él se enterase, por supuesto -, El Pedante Pedorro. Lo de pedante ya saben porqué, y lo otro, bueno, lo otro se lo pueden imaginar...
Decía que era escritor. Decía, yo nunca lo vi escribir nada. También decía, cuando charlaba con alguien que acababa de conocer, en alguna fiesta o en la inauguración de una exposición de pintura a las que solíamos ir –no me pregunten cómo conseguía las invitaciones, no podría decírselo, lo desconozco -, que trabajaba en el mundo de la publicidad. Mentir, no mentía, supongo que repartir propaganda por los buzones entra dentro de el mundo de la publicidad... Él era así.
Se había visto todas las películas de Woody Allen. Las veía una y otra vez, nunca se cansaba. Se las había bajado de internet, algunas, otras se las había prestado un amigo, o las había alquilado en el videoclub y no las había devuelto, ni al videoclub ni al amigo, No, yo no he alquilado Hannah y sus hermanas, no, no, debe de haber un error, si a mí ni siquiera me gusta Woody Allen; Qué dices, hombre, si ya te la devolví, ¿no te acuerdas? Que sí, tío, que sí, que te dije que me había gustado, si bien creo que la última escena podría haber sido más cómica si Allen se hubiera decantado por introducir un elemento simbólico, como un paraguas roto, que representara lo patético, es decir, lo rijoso, del protagonista...
Él era así.
Yo y tú, me decía, formamos una pareja digna de una película de Budy, encarnamos todo lo que representan sus personajes. Yo, el intelectual, eso sí, sin las neurosis, y sin ser feo, claro; y tú, la actriz, eso sí, un poco tonta, te falta cultura pero se puede arreglar; toma, léete este libro.

Perdón, no les he entendido bien. Ah, claro, que quieren saber porque dejé el trabajo de la tele. ¿Que cómo se llamaba quién, mi novio? Mi novio, mi ex – novio se llamaba..., ¿cómo? Ah, qué cómo se llamaba el programa, no mi novio, claro, disculpen. El concurso de la noche. Sí, tienen razón, poco original. No, no se le ocurrió a mi no..., mi exnovio, el nombre.

Pues verán, a mi novio, a mi exnovio, no le gustaba que trabajara en ese programa. Decía que estaba desperdiciando mi talento –el poco que tienes -, que tendría que dedicarme al teatro, representar a Maggie, la de La gata sobre el tejado de zinc o a Ofelia, o a Lady Macbeth..., ya, como si fuera tan fácil, conseguir un papel protagonista en una compañía teatral, y encima en una obra de Shakespeare o de Tenesee Williams. ¿Qué quién es Tenesee Williams? El que escribió La gata, perdonen, claro, ustedes no tienen porqué saberlo, no es su trabajo. Sí, es una película, pero también una obra de teatro, la protagonizaron, la película, Paul Newman y..., vale, vale, no me enrollo, claro, no les interesa.
Bien, por dónde iba, ah, sí, que no le gustaba que trabajara en El concurso de la noche, a mi ex – novio. Decía que era una mierda de programa, que no lo veía nadie, salvo los vagos que no trabajaban y que al día siguiente no tenían que madrugar, y los viciosos que no tenían otra cosa que hacer mientras esperaban a que terminara el programa y empezara la película porno que ponen después. Que todos los que llamaban eran unos incultos, unos paletos, que más les valdría ponerse a leer a Joyce antes que a intentar ganar cien tristes euros descubriendo la palabra oculta que se escondía en el recuadro de colorines. Él era así. Un snob, además de un pedante.
Una noche llamó, él, sí, mi ex – novio. Solía ver el programa, le gustaba acostarse tarde por las noches. No, no tenía que madrugar, llevaba dos o tres meses sin trabajo, fuera del mundo de la publicidad. El juego del día -así los llamábamos, juegos, a las adivinanzas o pasatiempos que tenían que descifrar los teleespectadores-, consistía en decir una ciudad cuyo nombre incluyera una B. Había un panel, a mi derecha, es decir, a la izquierda de la pantalla, con un montón de etiquetas que tenían un número escrito, 25, 50, 100, 150, así hasta 300, que era el premio máximo. El que llamaba decía el nombre de una ciudad, que tuviera una B, claro, por ejemplo Barcelona, entonces yo miraba una chuleta en la que tenía las respuestas correctas con la cifra que le correspondía -qué sé yo, 25, Barcelona es una de las respuestas fáciles, era seguro que alguno de los que llamaban la iban a decir, por eso el premio era bajo-, y retiraba la etiqueta con el número 25 y quedaba al descubierto el nombre de la ciudad, es decir, Barcelona. Entonces los de sonido ponían unos aplausos de fondo, y yo decía Felicidades, Pepito, llama otro día, a ver si tienes más suerte y te llevas un premio mejor.
El programa estaba a punto de terminar, quedaban cinco, diez minutos, a lo sumo. Ya habían dicho Berlín, Bilbao, Buenos Aires, Barcelona también, incluso Bogotá, que tenía uno de los premios gordos, 200 euros, creo recordar. Sólo quedaban dos ciudades ocultas, las de 150 y 300 euros; aquella era una mala noche, muchos aciertos, lo habíamos puesto demasiado fácil. Carlos, el director, estaba enfadado, yo lo veía de reojo, no hacía más que mover la cabeza de un lado a otro, cada vez que alguien acertaba. Muchos aciertos pero pocas llamadas, estábamos perdiendo dinero. Hacía un buen rato que no me pasaban ninguna llamada, yo ya no sabía qué decir, qué contar, en eso consistía mi trabajo, en no parar de hablar, no quedarme callada, animar a los ingenuos, uy, perdón, otra vez, animar a la gente a que llamara. No saben lo difícil que es, una a veces se sentía ridícula, diciendo lo primero que se le venía a la cabeza; pero aquella noche ya se me había agotado el repertorio, sí, tenía algunas frases hechas para salir del apuro pero empezaba a parecer una zombi de tanto repetirlas Venga, llama, tengo 300 euros y son para ti; Venga-llama-tengo-300-euros-y-son-para-ti;Llama-venga-euros-300-ti-para...
Le hice un gesto con la mano a Carlos, una pequeña clave que teníamos que significaba Pásame a alguien, rápido, por favor; o más bien, Pásame a alguien de una puta vez.
Al momento sonó el ring que ponían los chicos de sonido, para hacer ver que había una llamada.
-Hola, buenas noches –dije -, ¿cómo te llamas?
-Eh... –siempre dicen “eh...” -, Julio.
-Muy bien, Juan, dime una ciudad.
Y entonces, el cafre de Julián, dijo:
-Eh..., Benecia.
La cara que se me puso debía de ser parecida a la que pondría Paris Hilton cuando su novio le dijo que lo que estaba agarrando no era la palanca de cambios.
A los chicos de sonido les debió pasar lo mismo que a mí, pues tardaron bastante en poner el mec-mec-meeeec que indicaba que la respuesta era incorrecta. Y mientras, Jacobo venga a decir:
-Benecia, Benecia, ¡Benecia!
-Lo siento, Jorge, no es correcto. Vuelve a llamar otro día.
-¡¡¡Benecia!!!
-Felicidades, qué digo, buena suerte, otro tonto, digo, otra llamada, por favor, ¡otra llamada!
Y me pasaron otra llamada. Sonó el ring, sonreí, dije:
-Buenas no...
-Buenas noches, ejem, soy Pedro Chirigota Ramírez, director de un prestigioso y acultural periódico. Estaba sentado en mi chaislonsch, en el salón de mi dúplex del barrio de Salamanca, escribiendo un prólogo para el último libro de mi querido y admirado amigo...
-¿Javier?
-...de mi querido amigo Fernando Sánchez Drogao, cuando he decidido tomarme un descanso, del prólogo, no así de mis funciones de periodista, pues he encendido la televisión con la intención de documentarme para un futuro artículo sobre la telebasura que publicaré en mi parcial rotativo y, a este efecto, he sintonizado, cómo no podía ser, su canal...
-Javier, qué estás haciendo.
-No me llamó, Javier, señorita, permítame que le diga que es usted muy guapa, casi tanto como su novio, al cual tengo el gusto de conocer, es usted muy afortunada...
-Carlos, corta, corta, joder, que es el idiota de Javier, que se ha vuelto loco.
-No podemos cortar, algún capullo nos ha pirateado la línea.
-Corta, joder, pon la peli porno, lo que sea, pero hazlo, ¡joder!
-...bien, ejem, por dónde iba, ah, sí, he puesto su canal, y me encuentro con un programa cuyo theme consiste en un juego estúpido, en el que los ignorantes deben decir el nombre de una ciudad que contenga la B, segunda letra del abecedario, y hete aquí que un idiota, un cateto, un palurdo, va y dice Benecia, y se queda tan ancho, lo cual es significativo del nivel cultural que padece este querido país nuestro, lamentablemente gobernado por unos analfabetos que...
-¡Por fin! Estamos fuera, joder, no sé cómo lo ha hecho pero ese tío nos ha inutilizado todo el sistema. Y dices qué le conoces, ¿no será algún maníaco que te esté acosando? Deberías denunciarlo.
-No, no es un ningún maníaco. Es mi novio.

Y eso fue lo pasó, lo que hizo mi exnovio. Cuando se lo dije al director, a Carlos, que era mi novio, no quiso saber nada más de mí, no quería líos con un programa en directo (“A lo mejor se presenta aquí, con una katana, quién sabe lo que pasa por la mente de un pirado”), así que me dijo que me compadecía y que lo sentía mucho, pero que lo mejor para todos era que yo me diera de baja de la cadena voluntariamente. No se portó del todo mal conmigo, Carlos, no me pagó el finiquito pero me dio unas entradas para ver un concierto de los Teletubies.
Al llegar a casa, mi exnovio, estaba en la cama, haciéndose el dormido. Cuando le tiré una jarra de agua hirviendo en la cara para que dejara de fingir, y le pregunté que cómo diablos había osado hacerme a mí semejante putada, me respondió:
-No sé de qué me hablas, pero si te refieres a la llamada que ha tenido la deferencia de hacer, a vuestra mierda de programa, el señor Pedro Chirigota, yo tampoco puedo creérmelo, que haya caído tan bajo que hasta sea capaz de ver vuestro concurso, y de llamarte guapa, encima.

Él era así.
avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Sáb Abr 18, 2009 4:06 am

2

[size=18]¿Sabes más que un cabroncete de primaria? (1)


Ahora por fin puedo escribir. Escribir una novela, me refiero; no tengo otra cosa qué hacer, aquí en la cárcel. Quién me iba a decir a mí, hace un año, que me iba a ver en esta situación. Bueno, no se está tan mal, en este agujero, ya me he acostumbrado a las profanaciones de las duchas.
Hace un año, sí. Acababa de terminar una mala racha, la zorra de mi novia me había dejado, todo porque una noche llamé en directo al programa de televisión que presentaba –era uno de esos programas concurso, en que los pánfilos llaman y tienen que dar una respuesta, cuántos cuadrados aparecen en un dibujo, qué palabra se esconde en una sopa de letras; si aciertan se llevan un suculento premio en metálico de unos 25 o 50 euros -, y les gasté una broma, a mi novia y a los del programa: me hice pasar por el iletrado de Pedro Chirigota Ramírez, el director de El Inframundo, conseguí sabotearles las líneas telefónicas mediante un programa informático, con lo que no podían cortar mi llamada, así que tuvieron que escuchar todas las sandeces que se me ocurrió soltar por mi piquito de oro. No me había podido contener, los bobos que llamaban tenían que decir una ciudad cuyo nombre empezara por B, o que incluyera una B, no lo recuerdo bien; entonces, llamó un burro y dijo “Benecia”. Joder, qué vergüenza, cómo se puede ser tan ignorante, me dije, no sé si reírme o llorar, tengo que hacer algo. Y entonces, me acordé del programa que me había bajado de internet, por si algún día lo necesitaba para sabotear los teléfonos de la editorial Puñeta, a donde tenía pensado enviar mi novela –cuando la tuviera escrita, aún no la había empezado -, en caso de que los muy idiotas no quisieran publicármela; enchufé el ordenador, marqué el número de El concurso de la noche, de canal Teletedio; la pelaespárragos de mi novia miró a cámara sonriendo falsamente, me dijo “Hola, dime una ciudad”, y yo empecé a decir disparates mientras veía cómo la cara de la soplabotellas de mi novia se ponía de todos los colores de la paleta gráfica de mi Super Nintendo.
La muy ingrata no sólo no me dio las gracias por haber puesto un poco de chispa en la mierda de su programa, sino que me dijo que no quería volver a verme, que era un pirado, y un pedante y un esnob. Cogió una bolsa del Carrefour, metió todos mis calzoncillos en ella –los dos, el amarillo con lunares rojos y el marrón con rayas rosas -, y los tiró por la ventana.
-¿Pero qué haces, cacho burra? ¡Te has vuelto loca! –le dije.
-Es que no te enteras, me han despedido, ¡por tu culpa!

Ahora no sé en qué trabaja. Un día me pareció reconocerla en una de las revistas que tiene mi compañero de celda; la vi de reojo cuando el neandertal de Ramón (así se llama el muy guarro –aunque aquí nadie le llama así, sino que le han quitado la R y le han añadido una M -) pasó por mi lado, con la revista bajo el sobaco, para encerrarse en el retrete. Luego se la pedí prestada, pero al tendérmela la noté tan pegajosa que preferí quedarme con las ganas de saber si era mi novia la que aparecía en el póster central.

Así que cogí la bolsa con mis calzoncillos, y como por aquel entonces andaba un poco mal de dinero, normalmente trabajaba en el mundo de la publicidad, pero el viejo de la carnicería de la esquina había dejado de llamarme desde que se encontró, en el contenedor de basura, un paquete de unos mil quinientos folletos con el logotipo de su carnicería impresos en la parte de arriba, y las ofertas de la semana a dos columnas, en la parte de abajo, tuve que, como aquel caradura de la Biblia, regresar a casa de mis padres.
Mis padres, tras la preceptiva tanda de hostias, me recibieron con los brazos abiertos. Les quiero mucho, a ese par de apestosos vejestorios, no sé porqué aún no han venido a visitarme.
Mi antigua habitación estaba tal y como la dejé cuando me fui, hacía tres años, a vivir con Paula al piso que alquilamos en las afueras, estaba hecha una mierda. Saqué los calzoncillos de la bolsa del Carrefour y los metí en el primer cajón del armario. Eché un vistazo a las estanterías y, entre las montañas de polvo, distinguí algunos títulos de mis viejos libros: Crimen y castigo, Cuerpos viles, La conjura de los necios, las Obras completas de Danielle Steele... Será mejor que esconda a la buena de Danielle, pensé, sentándome en la cama, nunca se sabe quién puede colarse en la habitación de uno, si alguien se enterara de esta debilidad mía por las novelas rosa toda mi reputación intelectual, mi futura reputación, podría irse al garete.
Durante la cena, el sátrapa de mi padre pinchó una patata, se la metió en la boca y, al tiempo que la masticaba con la boca abierta, me señaló con el tenedor y espetó:
-Si quieres vivir aquí tendrás que encontrarte un trabajo –pinchó otra patata, se hurgó con el dedo en los dientes, volvió a blandir el tenedor frente a mi cara -, pero un trabajo de verdad, no una mariconada de esas de repartir propaganda por los buzones o aquello otro que intentaste, sin que lo lograras, te echaron a los dos días, ni para eso sirves, lo de ponerte a vender enciclopedias por las casas, molestando a los vecinos...
Así que le hice caso, tomé buena nota, y a la mañana siguiente me levanté temprano, me puse los calzoncillos con lunares rojos, le pedí prestado al viejo su traje de pana marrón y la corbata azul, me peiné con la raya a un lado y, dándole un beso a mi madre y bajando la cabeza ante mi padre, anuncié:
-Me voy a buscar trabajo.



avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Sáb Abr 18, 2009 4:08 am

¿Sabes más que un cabroncete de primaria? (2)




Fui directo a la biblioteca del centro, cogí una novela de Martin Amis y una revista de fitness, y me acomodé en un sillón en la sala de lectura. Leí todo el día, cuando me cansaba de la novela de Amis, cogía la revista y me ponía a ver las fotos de las tías en bikini exhibiendo sus torneados muslos y duros glúteos.
Por la noche, al llegar a casa, mi padre me preguntó:
-Qué, ¿has encontrado algo?
-No, no he tenido suerte, y eso que me he recorrido toda la ciudad, me he pateado todas las obras que he encontrado, y también he estado en los muelles, pero nada.
-¿Has estado en el mercado de frutas?
-No, pero iré mañana. Bueno, me voy a dar una ducha, estoy muy cansado.
-Sí que tienes mala cara –dijo mi madre -, incluso se te han puesto los ojos rojos, casi no puedes ni abrirlos.

Una semana después me había leído dos novelas de Martin Amis, otra de David Lodge, La caída del Museo Británico, y también Fuegos con limón, de Fernando Aramburu, y las Fabulosas narraciones por historias, de Antonio Orejudo. Todas las noches llegaba a casa, hacia las ocho, mi padre sentado en el sofá viendo un concurso en la televisión, mi madre en un sillón haciendo punto, la luz apagada, hay que ser tacaños; Qué nada, decía el viejo, sin apartar los ojos de la pantalla, en ésta aparecían unas bailarinas en bikini y zapatos de tacón sosteniendo unos carteles con cifras, Nada, contestaba yo, quizá mañana, Ya, mañana, mañana..., decía mi padre.
Tres días más tarde me di cuenta de que no podía continuar con la farsa. Mis padres empezaron a sospechar que no me tomaba tan en serio lo de buscar un empleo, A saber dónde andarás durante todo el día, y esos ojos que traes, seguro que te pasas las horas metido en un bar, fumando porros o lo que sea que fumáis ahora los jóvenes. Así que no me quedó más remedio que ponerme a trabajar, es decir, tuve que inventarme un empleo. Primero pensé en decirles que había encontrado trabajo como reponedor en un supermercado, pero los supermercados abren demasiado pronto, a las nueve como muy tarde, y a mí no me gustaba madrugar, así que decidí tener un empleo con un buen horario.
-El lunes por la mañana, a las once –les anuncié, en el salón, mi padre los ojos fijos en las bailarinas cachondas, mi madre haciendo punto, con la luz apagada, las agujas casi tocándole la narizota -, empiezo a trabajar como vigilante del museo.
-¿De qué museo? –preguntó mi madre.
-Del Museo de Arte Moderno.
-Vigilante de museo..., menudo gandul estás hecho.

Estaba viendo una película de Woody Allen, Delitos y faltas, tumbado en el sofá de la sala del piso en que vivía con Paula. Era por la noche, hacía frío, llevaba puesto mi pijama de Bart Simpson, y me había echado una manta por encima. Alguien hizo sonar la llave en la cerradura de la puerta de la calle. Al momento entró Paula. Llevaba unos zapatos de tacón de doce centímetros, unas medias negras con unos ligueros de color rosa, el sujetador también rosa, con encajes.
Me incorporé en el sofá.
-¿Has venido así por la calle? –le pregunté.
-Sí, qué tiene de malo.
Me quedé pensando un rato, sin saber qué contestar, sin saber si había algo de malo en ello.
Paula se me acercó, se sentó sobre mis rodillas, se quitó el sostén, dejando al descubierto sus preciosos pezones marrones anaranjados, sus grandes pezones, de unos seis centímetros de diámetro.
Acerqué mi boca a uno de ellos, al izquierdo, pero se me escurría, cada vez que intentaba tocar con mi lengua aquella superficie arrugada algo tiraba de mí hacia atrás, abría los ojos y los cerraba y vuelta a empezar, pero siempre me pasaba lo mismo, no lograba acertar dónde se encontraba el pezón, y cuando estaba a punto de lograrlo, cuando rozaba con la punta de la lengua aquel trozo de piel granulada, algo, o alguien, tiraba de mi cabeza desde atrás.
De repente, noté que el volumen de la televisión estaba demasiado alto. Alguien se reía, ja, ja, ja. Giré la cabeza y vi al feúcho de Allen mirándome, riéndose, me estaba diciendo algo pero no lograba entenderle.
-Mira, mira, se lo está pasando bien, ja, ja, ja.
Me desperté. Miré a mi alrededor, estaba en la sala de lectura de la biblioteca del centro. Me pasé una mano por la cara.
-Ja, ja, ja...
Enfrente mío, sentados los sillones con una revista, había dos andrajosos riéndose. Probablemente eran yonquis, la biblioteca está llena de ellos, y de vagabundos, y de parados, y de solitarios, de gente que no tiene nada. A veces el olor a sudor es insoportable.
Me pregunté de qué se estarían riendo aquel par de infelices. A uno de ellos le faltaban dos dientes, el otro era tan feo que daba pena mirarlo. Vi cómo el desdentado le daba con el codo a su colega, me miraban, y se reían.
Yo también les miré, les hice un gesto con la cabeza, Qué, qué pasa.
-Ja, ja, ja, y no se entera, ja, ja, ja...
Pero..., qué diablos, qué les pasa a ese par de desgraciados. Bajé los ojos, apartando la mirada de aquella pareja, no quería seguirles el juego a esos dos palurdos, y entonces fue cuando lo vi: la tela de mi pantalón de pana a punto de desgarrarse, a la altura de mi entrepierna.
Ya, o sea que era esto de lo que os reíais, claro.
Me levanté, usé una revista de fitness como escudo, me senté en las escaleras. Decidí esperar allí a que aquello se calmara. Me puse a pensar en los vejestorios de mis padres. Después dejé la revista en una estantería, me dirigí al mostrador de recepción y me llevé en préstamo la novela que había estado leyendo aquella mañana, El pecho, del escritor judío estadounidense Philip Roth.
Una vez en la calle, crucé la carretera y me senté en la parada del autobús número 37, el que iba a los barrios de las afueras.
Cuando me bajé en la última parada había empezado a llover. No tenía paraguas así que tuve que correr hasta el portal, mi antiguo portal, el de Paula y mío. Apreté el botón del tercero A, esperé. Volví a tocar, volví a esperar. Nada. No estaba. Cogí el móvil y marqué el número de mi exnovia; una voz de mujer, mecánica, me dijo que El teléfono al que llama se encuentra apagado o fuera de cobertura. Mierda, con lo que jarreaba, no había venido hasta aquí para quedarme en la calle. Apreté el botón del tercero B, el de la señora Mota, la casera.
-¿Quién es?
-Señora Mota, soy yo Javier, su inquilino.
-¿Quién es?
-Soy Javier, señora Mota, su inquilino.
-¿Quién es? –la señora Mota estaba sorda como una perra vieja -¿Quién es?
-Su inquilino –grité.
Al fin, me abrió la puerta.
Subí los tres tramos de escalera. Toqué el timbre del tercero B; como no apareció la bruja, volví a tocar, aporreé la puerta.
-Ya voy, ya voy.
Oí cómo descorría varios cerrojos y candados, apareció la señora Mota, envuelta en su bata rosa.
-Buenos días, joven –dijo -, le estaba esperando.
Asentí con la cabeza, sin saber porqué lo hacía, ¿que me estaba esperando, por qué, cómo sabía que iba a venir? Da igual, le seguí el juego.
-Viene usted por el piso, ¿verdad?
-Sí...
-Podemos pasar a verlo ahora mismo, aquí tengo las llaves. Los antiguos inquilinos lo dejaron la semana pasada. Se fueron sin pagarme el último mes. Le seré sincera –me dijo, cuando intentaba meter la llave en la cerradura, cosa que le costó bastante, además de sorda estaba un poco cegata -, no me ha importado demasiado. No sabe lo tranquila que me he quedado, ahora que ya no les tengo como vecinos. Eran una pareja joven, la chica muy mona ella, simpática, aunque un poco cochina, no se puede imaginar los gritos que pegaba, todas las tardes, a eso de las cinco, pura comedia todo, no hay hombre que le haga sentir tanto a una mujer, se lo digo yo, que aquí donde me ve también he sido joven.
Entramos al salón, donde Paula solía hacer sus ejercicios de gimnasia todas las tardes, a las cinco.
-Este es el salón –dijo la bruja -, allí está la cocina, venga.
-¿Y el dormitorio? –pregunté, deseoso de revolver en mis antiguos cajones por si encontraba algo que me hubiera dejado.
-Sí, esta es la cocina, me la dejaron echa un asco. Muy simpática la chica, como le digo, pero una guarra, además de una calenturienta. Trabaja en la televisión, ¿sabe?, yo no la he visto nunca, bueno, alguna vez, alguna noche que no podía dormirme, ponen el programa muy tarde, quién va a ponerse a ver la televisión a esas horas... Fíjese, ¿ve esta mancha? No la he conseguido quitar, a saber qué será, y eso que he probado con todo, con lejía y con aguarrás, y hasta con jabón... Pasemos al dormitorio, ¿usted es el soltero, verdad? Sí, me lo dijo por teléfono. Bueno, la cama es de matrimonio, pero creo que no le importará. Ayer mismo cambié las sábanas, las otras tuve que llevarlas a la tintorería, jamás había visto unas manchas semejantes...
Me acerqué a la mesilla, cogí mi ejemplar en rústica de Historia de O.
-Ese libro se lo dejaron olvidado, puede quedárselo si quiere, probablemente perteneciera al novio, que siempre andaba con libros a todas horas. El novio, se llamaba Fernando, o Javier, no sé, no le conocí mucho..., un hombre muy desagradable, siempre me saludaba dando gritos, al parecer creía que estoy sorda. Era un vago, por lo demás, no trabajaba, le mantenía la chica, que era quien me pagaba el alquiler, no sé qué pudo ver en él...
Abrí el cajón de arriba, estaba vacío, Paula se había llevado las esposas.
-Me dijo usted que era médico.
-Sí.
-Muy bien, un hombre decente, serio. Será usted un buen inquilino. Puede ver el baño, si quiere; no se lo recomiendo, pero qué más da, no creo que le importe que no sea gran cosa, ¿verdad?, con que uno pueda sentarse en una taza limpia es suficiente.
Entré en el baño, abrí los armarios, volví al dormitorio, Paula no se había dejado nada.
-Bien –me dijo la bruja -, ¿cuándo se va a instalar?
Hice un gesto vago con los hombros.
-No hemos hablado del precio –dije.
-¿No? Creí habérselo mencionado por teléfono. Setecientos, tres meses por adelantado y quinientos de fianza.
Asentí, sin que pudiera reprimir mi sorpresa: la señora Mota nos cobraba a Paula y a mí, bueno, le cobraba a Paula, novecientos euros.
-Es mucho dinero...
-Necesito que me conteste pronto, tengo otros posibles clientes.
-De acuerdo, me instalaré mañana mismo.
-Muy bien, no se arrepentirá, le gustará vivir aquí. No se olvide de traer la fianza, las mensualidades me las puede pagar más adelante.
-Muy bien, descuide, lo haré.
avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Sáb Abr 18, 2009 4:10 am

¿Sabes más que un cabroncete de primaria? (3)



No se me ocurría dónde podría estar Paula. Todo era muy extraño: se había largado sin pagar el alquiler del piso, lo que no era propio de ella: era demasiado inocente, demasiado tonta, para hacer algo así. Sabía que no me había mentido cuando me dijo que la habían despedido del asqueroso programa para vagos que presentaba por las noches, en su lugar habían puesto a una morena anoréxica que no hacía más que enseñar las bragas, rosas o blancas con dibujitos de conejos, cada vez que se ponía a dar saltos, cosa que no dejaba de hacer durante los noventa minutos que duraba el insufrible concurso.
No sabía si debía preocuparme. La verdad es que yo no estaba enamorado de Paula, nunca lo había estado, simplemente era lo primero que había encontrado, pero la echaba de menos, echaba de menos sus tetas y sus piernas y su culo y su boca y sus sobacos y sus pies y su dinero, además, estaba harto de vivir con mis padres –y eso que sólo llevaba con ese par de vejestorios apenas dos semanas -; había confiado en que, pidiéndole mi más insincero perdón, me dejaría volver con ella, y yo podría quedarme en la cama hasta el mediodía, sin tener que levantarme para ir a leer a la sala de lectura de la biblioteca, llena de yonquis y vagabundos hediondos, y pasar las tardes tomando cerveza en el bar de la esquina y leer por las noches, solo en el apartamento, hasta que Paula llegara hacia las tres y media y se desnudara y le echara un polvo y me quedara dormido.
Tal vez, pensé, haya regresado al pueblo con sus padres. Sí, será eso, se habrá visto sin trabajo, sin dinero y sin mí, y en un arrebato haya decidido volver a ese pueblo, cómo se llamaba, Mataperros, Matanegros, Mata..., da igual, ese pueblo de mierda. Dios, la necesito, y no puedo llamarla porque no tengo el teléfono de sus viejos, nunca se lo pedí, para qué, qué voy a hacer yo ahora, tengo que largarme de la casa de mis viejos, no los soporto, sobre todo a mi padre, que se pasa todo el día en el sofá viendo la tele con su bata manchada y esas zapatillas de cuadros con el dedo gordo embutido en un calcetín amarillo saliéndosele por los agujeros, comiendo sin parar, más gordo que un león marino a dieta de hidratos de carbono, y cómo me voy a largar, si no tengo dinero, debería encontrarme un trabajo, cualquier cosilla, ay, pero yo soy un escritor y necesito dedicar todo mi tiempo a leer, leer lo máximo posible, estudiar las grandes obras y las no tan grandes para aprehenderme de ellas, y ver películas y asistir a exposiciones de arte y agarrarme borracheras y experimentar con el LSD para conocer el lado oscuro del alma humana y así representarla mejor...


Durante las dos semanas siguientes me dediqué a escribir un cuento. Cuando lo terminé, lo envié a unos veinte o cien concursos literarios, cuidándome de cambiar el título para cada concurso pues las bases de todos ellos mencionaban que el cuento enviado no debía haberse presentado a ningún otro concurso pendiente de resolución. Me gasté una pasta en sobres y sellos, tuve que coger cincuenta euros de la cartera de mi madre. El cuento trataba de una mujer culturista que, tras años de meterse por todos lados todo tipo de anabolizantes y hormonas, descubre un día que le empieza a crecer un pene, pequeño al principio, pero inmenso, extraordinariamente grande y hermoso al final. La tía, en lugar de preocuparse se siente tremendamente afortunada y se pasa el día acariciándolo, disfrutándolo, dichosa de tener semejante aparato a su disposición. Me había inspirado en la novela El pecho, de Philip Roth, en la que un profesor de literatura, David Kepesh, se convierte en una teta gigantesca. Según descubrí en internet, la novela de Roth había sido comparada en su día con La metamorfosis, de Kafka. Yo no esperaba tal honor, pero sí que mi cuento fuera galardonado en unos cuantos concursos y recibir así una pasta con la que podría escaparme de casa de mis asquerosos viejos.
Sólo había un problema, bueno había varios, como por ejemplo que los organizadores de los diferentes concursos descubrieran que el cuento que habían premiado también lo había sido por parte de otro concurso (pero, la verdad, no creía que sucediera tal cosa: los cuentos de los concursos literarios de provincias no los lee nadie). Lo que me preocupaba es que los fallos de los diferentes concursos no se darían hasta dentro de dos meses, los más tempranos, y hasta seis, los más tardíos. Así que, mientras esto sucedía, el ganar los concursos y recibir, sonriente, los suculentos cheques, yo iba a seguir sin un euro, y el fin de mes ya había llegado y mi padre no hacía más que pedirme mi parte de los gastos de la casa. ¡Y yo me quería largar!


Una noche de miércoles, cansado de estar en mi cuarto sin ventanas, fui al salón y me senté en el sofá con mi padre a ver la televisión. Estaba viendo Antena Hez, en la pantalla aparecía un presentador cuya cara me sonaba pero cuyo nombre no lograba recordar, a cada lado de éste, detrás de un atril con un botón grande, gigante, encima, había un tío de unos treinta años, en el atril de la izquierda, y un niño de unos ocho o nueve en el de la derecha.
-¿Qué programa es éste? –pregunté a la bola de sebo sentada a mi lado.
-Es un concurso.
-Ya veo que es un concurso, lo que te pregunto es qué tipo de concurso, cómo se llama.
-Y yo qué sé cómo se llama..., cállate, si no te largas a tu cuarto.
Me callé, presté atención al televisor. Poco a poco me fui dando cuenta de qué iba la mierda aquella: al parecer, el concursante era el tío mayor, el de unos treinta años, que se enfrentaba al niño, un superdotado que formaba parte del programa. El presentador iba haciendo preguntas de todo tipo, de historia, de lengua, de matemáticas, de ciencias, de literatura...; cuando alguno de los dos, el hombre o el niño, sabía la respuesta, tenía que apretar rápidamente el ridículo botón, entonces se encendía una luz en su atril y daba la respuesta. Si acertaba sumaba un punto, si se equivocaba, le daba la oportunidad de responder a su contrincante.
Miré los marcadores, el niño iba ganando dieciséis a dos. Qué vergüenza. Era un niño repelente, el típico listillo creído, cada vez que acertaba una pregunta –todas eran muy fáciles- levantaba los brazos con los dedos índice y corazón en señal de victoria. Dios, pensé, qué bien le vendrían a ese niño unas cuantas hostias para bajarle los humos. Pero lo más indignante era el concursante, era un auténtico analfabeto, no tenía ni idea de nada, nos estaba dejando en ridículos a todos nosotros, los adultos.
El resultado final fue de treinta y seis a cuatro. El niño repelente alzó los brazos y se puso a dar saltitos, la cara una sonrisa de oreja a oreja llena de dientes, el concursante mayor con la cabeza baja, parecía a punto de llorar. Si yo fuera él me suicidaría, pensé. Entonces, el presentador sin nombre se dirigió a la cámara y dijo:
-¿Y tú, te atreves a enfrentarte a nuestro campeón? ¿Quieres ganar treinta mil euros? ¿Sí? Pues llama al número que aparece en la pantalla y serás nuestro próximo desafiante, ¡anímate!

Treinta mil euros..., con ese dinero podría largarme de aquella pocilga, es más, con tanto dinero no sólo podría largarme sino que también podría vivir los próximos cinco o seis años sin ninguna preocupación económica, y dedicarme así, a escribir esa gran novela que estaba destinado a escribir.
Podría hacerlo, ganar a ese niño repelente, las preguntas no eran demasiado difíciles, y el niño no era tan listo. Era cierto que aquella noche le había dado una paliza al otro concursante, pero eso se explicaba porque éste era un auténtico analfabeto. Yo no era así, yo era un intelectual, yo tenía cultura. Sí, yo sería el que le daría la paliza al niñato ese. Sólo había un problema: mis principios éticos me impedían participar en un concurso de semejantes características, de tal bajeza moral e intelectual, un concurso tan burgués. Era una lástima, los treinta mil euros me podrían solucionar la vida, toda la vida...
-Te toca bajar la basura –dijo mi padre -, y ya de paso que vas a la cocina, tráeme una cerveza y unos cacahuetes.
Hice lo que me pedía el viejo, le llevé la cerveza y la bolsa de los cacahuetes, saqué la bolsa del cubo y le hice un nudo. Salí al descansillo, bajé las escaleras porque el ascensor no funcionaba, al pasar por la puerta del tercero izquierda me resbalé y me di una hostia tremenda.
-¡Mecagüen dios!
Me levanté y continué bajando, llegué al portal y, al salir a la calle, cuando me disponía a echar la bolsa en el contenedor, me encontré con que, en lugar de un contenedor había un amasijo de plásticos echando humo.
-Pero..., qué cojo...
Oí una risa detrás, ja, ja, ja. Me di la vuelta, era el vecino del sexto, que me miraba y no dejaba de descojonarse.
-Ja, ja, ja –continuó, señalándome con el dedo -, ja, ja, ja. ¿Es que no te has enterado? Ja, ja, ja.
-Qué, qué ha pasado.
-Ja, ja, ja, no se ha enterado, se ha enterado todo el barrio menos él, ja, ja, ja.
-Qué...
-Ja, ja, ja, se ha enterado todo el barrio, han venido los bomberos y la policía y ambulancias, ja, ja, ja, se ha armado un pitote tremendo y, ja, ja, ja, y ahora el tío baja a echar la basura y se encuentra con que no tiene dónde hacerlo, ja, ja, ja, no se ha enterado, ja, ja, ja.
-Vete a la mierda –mascullé, dándome la vuelta y tirando la bolsa al montón de cenizas -. A tomar por el culo los principios, tengo que largarme de aquí.


avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Sáb Abr 18, 2009 4:12 am

¿Sabes más que un cabroncete de primaria? (y 4)



Así que, a la mañana siguiente, llamé al programa. Una semana después pasé un casting y, cinco días más tarde, el lunes al mediodía, me llamaron y me preguntaron si no me importaría participar en el programa del miércoles de esa misma semana, pues, al parecer, el concursante que tenían seleccionado para ese día se había muerto de repente, y como nunca les había pasado algo así no tenían ningún concursante de reserva, pero mirando los últimos videos de los castings se habían encontrado conmigo y pensaban que podría ser un buen sustituto.
-¿De qué se ha muerto? –pregunté.
-¿Cómo?
-Que de qué la ha palmado el tío ese.
-Ah, se ha suicidado, se encontró a su mujer en la cama con su padre.
-¿El padre de quién, el de ella o el de él?
-No lo sé, supongo que el de él... Pero, bueno, eso no es asunto suyo. Aquí lo que importa es lo siguiente: ¿acepta ser nuestro próximo concursante, el de este miércoles?
-Sí, claro, total, no tengo otra cosa qué hacer. Aunque me habría gustado tener más tiempo para estudiar un poco...
-Ya, ya. De acuerdo. El miércoles a las cinco estese preparado, irá un coche a recogerlo para traerle al estudio. Gracias, y hasta el miércoles.
-Oiga, la cena me la darán allí, ¿o tengo que llevarme algo de casa? ¿Oiga?


De más está decir que no les mencioné nada de todo aquello a mis miserables padres. En cuanto tuviera la pasta me largaría como quien huye del altar frente a una novia tonta y fea.
Llegó el miércoles. A las cuatro salí de la sala de lectura de la biblioteca y me dirigí dando un paseo, pensando en lo que iba a cambiar mi vida a partir de aquella misma noche, a casa de mis viejos. Como se suponía que estaba trabajando no pude entrar, así que me quedé esperando en el portal a que apareciera el coche de la cadena. Estaba fumándome el sexto cigarrillo en veinte minutos, muerto de frío, cuando vi que se paraba delante del portal un Opel Corsa de color amarillo. No puede ser, dije, esa chatarra no puede ser el coche que me va a llevar en mi primera etapa hacia una vida mejor. Se abrió la puerta delantera y salió un anciano vestido de uniforme azul marino. Joder, pues sí que es, dónde está el Mercedes...

El estudio estaba en el quinto culo, en un polígono industrial, rodeado de grúas y hormigoneras y obreros holgazanes que comían bocadillos de chorizo a las puertas de los talleres. El chofer aparcó frente a una puerta de color verde desteñido, se quitó el cinturón de seguridad, bajó del coche y me abrió la puerta.
-Pero que... –dije, mirando la mole de cemento -, ¿es aquí?
El anciano dijo que sí con la cabeza.
-Toque el timbre –añadió, señalando la puerta verde.
Cogí mi mochila del asiento, me despedí del viejo, y apreté el botón rojo. En lugar de venir a recibirme una azafata de veinte años con unas piernas larguísimas y una sonrisa bobalicona, apareció una mujer de pelo gris, gafas de culo de botella y con las tetas a la altura del ombligo.
-Usted debe ser el concursante de esta noche.
-Sí.
-Ya veo que le ha traído mi marido -¿su marido? ¿qué era aquello, una empresa familiar? -, ¿ha tenido buen viaje? Espero que no le haya dado mucho la lata. Sabe, cuando bebe más de la cuenta le da por hablar...
Esto no es como yo pensaba, me iba diciendo, mientras seguía a la bruja de las tetas caídas hasta una estancia donde había cuatro sillas y una mesa cubierta de revistas del corazón.
-Póngase cómodo, enseguida vendrán a por usted. Luego tendrá que pasar a maquillaje, para el ensayo, ya sabe.

Tres horas después, acababa de despertarme al caerme de la silla, cuando apareció un tipo de smoking con una sonrisa llena de dientes.
-Oh, vaya, nos habíamos olvidado de usted –me dijo, tendiéndome la mano -. Venga, tenemos que hacer el ensayo, le presentaré a Jorge...
-¿Y el maquillaje? –pregunté, al presentador sin nombre, aún no había logrado acordarme de cómo se llamaba, estaba seguro de haberlo visto antes, en algún otro programa pero no recordaba en cuál.
-No hay tiempo, vamos.
-Tengo que ir al baño.
-Luego, luego, no hay tiempo.

Seguí al pingüino y aparecimos en una nave de unos cinco metros de alto.
-Esto antes era un matadero, ¿sabe?
En el centro había una tarima de color rojo con tres atriles, dos estaban uno al lado del otro, y el tercero, más grande, enfrente de ellos. Había un montón de cámaras y focos rodeándolo, el resto de la nave estaba vacío salvo por unas sillas de playa en las que en aquel momento se sentaban los técnicos, que mataban el tiempo comiendo pipas y hablando del último partido del Madrid. A sus pies, sentado en el suelo en una postura de yoga, un niño repeinado jugaba con una Game Boy.
-¡Jorge! Ven a saludar a tu contrincante.
Jorge dejó la Game Boy a un lado y vino hacia donde estábamos el antiguo presentador de la teletienda, ¡ahora lo había recordado!, y yo.
-Jorge te presentó a..., a...
-Javier –dije.
-A Javier. Javier le presento a Jorge.
-Encantado –dijo Jorge, tendiéndome la mano -, ¿estás preparado para que te dé una paliza?
-Ja, ja, -escupió el pingüino -, este niño es la monda, ¿no cree?
-Sí, la monda...
-A ver, ¡todos preparados! Venga a vuestros puestos –gritó una mujer.
-Es Carlota, la realizadora –me susurró el presentador -, tiene un genio que no se lo puede imaginar, no le haga enfadar, je, je.
-Venga Jorge, a tu atril, tú Saturnino al tuyo –Saturnino, ese era su nombre, cómo podía haberme olvidado de un nombre así-, el concursante, venga, qué haces ahí parado, tú vas al otro atril, al lado de Jorge. Vosotros moveos, ¡luces!

Al terminar el ensayo salí corriendo buscando el baño. Cuando me quedé a gusto, al volver al pasillo me encontré a la mujer de las tetas por flotador.
-Pero qué hace aquí, le están esperando en maquillaje. Sígame.
-Oiga, tengo hambre, ¿no tendrán algo que puedan darme para que no acabe desmayándome?
-Después, después.
M
El programa se dividía en cuatro bloques, cada uno de los cuales constaba de diez preguntas. Las preguntas del primer bloque eran de Historia, las de segundo de Matemáticas, las del tercero de Ciencias Naturales, y las del cuarto, oh, sí, de Lengua y Literatura, ¡toma ya!
Empecé bien, adelantándome a Jorgito y acertando la primera pregunta, que era cuál es el nombre con que se conoce a la constitución española de 1812.
-La Pepa –dije -, la Pepa, en Cádiz.
La segunda pregunta también la acerté, y la tercera y la cuarta. Vi cómo Jorgito empezaba a ponerse nervioso.
-Vaya, vaya, parece que esta noche tenemos un concursante duro, eh, Jorge –dijo el presentador -. Quinta pregunta, atención: ¿En qué fecha se produjo el ataque, por parte del ejército japonés, a Pearl Habour?
Jorgito apretó el botón, se me había adelantado.
-El siete de diciembre de 1941 –dijo, sonriendo de oreja a oreja.
Pero la alegría le duró poco, ya que la siguiente pregunta la acerté yo, y también la siguiente. Después de las diez preguntas el resultado era de Santi siete, Jorgito tres, ¡toma ya!
-No te confíes mucho Javier, Jorge es un genio de las Matemáticas.
Y vaya que sí lo era, el cabroncete del niño. De las diez preguntas, acertó nueve, yo sólo conseguí responder a una, la única que me sabía –siempre he odiado las Matemáticas -, cómo se llama el triángulo cuyos tres lados son iguales: equilátero.
El tercer bloque lo hice un poco mejor, aunque no demasiado. Al comenzar el último, el de Lengua y Literatura, el sabelotodo de Jorgito me iba ganando por 19 a 11. Pero la Literatura era mi tema, era imposible que un crío de ocho años supiera más que yo sobre las grandes obras literarias de todos los tiempos. Lo único que tenía que hacer era apretar rápido el botón de mi atril y responder. Tenía al alcance de mi mano treinta mil euros, iban a ser míos, alquilaría un piso para mi solito y me dedicaría a escribir mi gran novela durante los próximos años, luego la vendería a una editorial y ya no tendría problemas de dinero nunca más, ya no tendría que depender ni de mis viejos ni de Paula, ni de nadie...
El impresentable presentador dio paso a publicidad. Jorgito se me acercó y dijo:
-Ha sido un placer enfrentarme a ti. Hasta hoy eres el concursante que más difícil me lo ha puesto. Lástima que tu esfuerzo no vaya a ser recompensado.
Qué niño más repelente.
-No cantes victoria todavía –dije, poniendo cara de malo.
-¡Un minuto para entrar! –gritó Carlota -¡¿Dónde demonios está Saturnino?!
-Aquí, ¡ya voy! –exclamó el pingüino, que venía corriendo al tiempo que se subía la bragueta –Ya voy, venga, vamos, tercer bloque: Ciencias Naturales.
-Qué tercer bloque ni que ciencias ni leches... Pero dónde tienes la cabeza, so merluzo...
-¡Diez segundos, Carlota!
-Venga, cazurro, ¡a tu atril!

-Aquí seguimos, en ......, Cuarto y último tema: Lengua y Literatura. El resultado hasta ahora es de Javier 11, ¡Jorge 19!
Aplausos (enlatados). Jorgito levantando los brazos con el índice y el pulgar extendidos.
-Parece que esta noche tampoco vamos a poder derrotar a nuestro supercampeón.
-Eso lo dirás tú.
-¿Cómo dices, Javier?
-Nada, nada, sigue.
-Lo tienes un pelín complicado, eh, Javier.
-Tú calla, y haz ya la pregunta –dije, entre dientes, intentando que no se me entendiera, pero al mismo tiempo, haciendo que sí se me entendiera.
-Ejem, ejem, bien. Primera pregunta, atención: nombre de la escritora inglesa autora de la novela Las olas, ¡tiempo!
Golpeé el botón con tanto ímpetu que a punto estuve de tirar el atril.
-¡Virginia Woolf! –exclamé.
-¡Correcto! Punto para Javier. Javier, doce, Jorge, diecinueve. Siguiente pregunta: ¿Cómo se llamaba el protagonista de la novela de Herman Hesse, El lobo estepario? ¡Tiempo!
No hace falta decir que volví a acertar, en mi vida había oído preguntas más fáciles. Sin embargo, en la siguiente pregunta el capullín de Jorgito se me adelantó, apretó el botón antes que yo, y el muy desgraciado respondió bien. Pero no me desanimé, aún podía ganar. Acerté las dos siguientes preguntas; luego, Jorgito se me volvió adelantar.

Quedaba tan sólo una pregunta y Jorgito me llevaba sólo un punto de ventaja, 20 a 19. Si acertaba la última pregunta quedaríamos empatados y habría una pregunta extra para deshacer el empate. No cabía en mí de excitación, me mordía las uñas, apretaba los dientes...
-Qué emocionante está esta noche...
-Cállate, cazurro, y haz la pregunta.
-¿Cómo?
-Nada, nada.
-Ejem, bien. Décima pregunta, última pregunta, o quizá no, quizá penúltima pregunta, pues si se adelanta Santi...
-No te enrolles, joder.
-Ejem, última pregunta, ¿listos? ¡Atención!: ...

...y Saturnino enunció la última pregunta, y Jorgito se me adelantó, y acertó la respuesta, y yo perdí los treinta mil euros, y perdí los nervios, también, y enfurecido, comencé a soltar maldiciones y agarré a Jorgito del cuello, gritando Era mi pregunta, era mi tema, eran mis treinta mil euros, era mi futuro..., y Saturnino y los técnicos me cogieron y me apartaron de Jorgito, que se había caído, y un técnico me soltó un puñetazo, y alguien dijo Llamad a una ambulancia, Jorgito se ha desmayado...

...pero el capullín, el cabronazo de Jorgito no se había desmayado, sino que la había palmado, mi arremetida le había asustado y le había dado un ataque al corazón, y así, se murió, y todos me echaron la culpa, me llamaron asesino, y vino la policía, y me detuvieron, y pasé la noche en comisaría, y después me llevaron frente al juez, y así es como vine a parar aquí, a este agujero al que llaman cárcel...


Post scriptum:
Hoy he recibido una carta de la editorial Timo. Me dicen que mi cuento, el cuento que les envié a su Concurso de Narrativa Corta, no ha resultado vencedor del certamen, pero que les parece de muy buena calidad y quieren publicarlo. Me piden que yo les adelante el dinero para los gastos de edición...



avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Sáb Abr 18, 2009 4:22 am

Este cuento, o lo que sea, lo escribí hace cosa de año y medio, una tarde-noche que me aburría. Había estado leyendo "Pura anarquía", el libro de cuentos de Woody Allen, y se me ocurrió que, para pasar el rato, podría escribir alguna cosa del mismo estilo. Me salió esto. Lo dejé en el disco duro, y hoy se me ha ocurrido echarle un vistazo. Me divertí escribiéndolo, más de lo que he hecho hoy releyéndolo. Pero bueno, antes que dejarlo abandonado ahí en el disco duro, o perdido para siempre, aquí puede estar bien. Sin más.
avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Anyone el Sáb Abr 18, 2009 4:34 am

¡¡¡Nathan!!! Para por favor ¡¡¡¡Para!!! que no puedo más, estoy llorando, te juro que estoy llorando, ay, se me va a descoyuntar la mandíbula Razz Razz Razz Razz Razz Razz Razz Razz

Anyone

Cantidad de envíos : 3496
Fecha de inscripción : 18/03/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Q el Sáb Abr 18, 2009 4:47 am

nathan, no se te ocurra marcharte y llevarte tus mensajes, que aun no he tenido tiempo de leerlo todo...... lol! què bueno!
avatar
Q

Cantidad de envíos : 9985
Localización : leyendo
Fecha de inscripción : 30/03/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Sáb Abr 18, 2009 4:53 am

Vaya. Gracias.

Me alegro de que os guste. Como decía, lo tenía ahí tirado, pensando que sólo me haría gracia a mí, que lo había escrito. Pero que a otros lectores (y lectoras) les parecería una tremenda tontería.

Gracias a las dos. Por leerlo tan rápido.
avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Wara el Sáb Abr 18, 2009 5:04 am

Yo no voy tan rápida, no sé si es la edad... no, seguro que es la risa que me nubla la vista. Tú ahi quieto, parado. Hay por acá un concurso en la tele, o lo había, donde decían así: ¡Quieto parado! Lo dicho. Very Happy Very Happy Very Happy

.
avatar
Wara

Cantidad de envíos : 5951
Localización : En algún finisterre
Fecha de inscripción : 30/03/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Carmen Neke el Mar Abr 28, 2009 6:50 am

Por fin he encontrado tiempo para leérmelo entero. Nathan, si estas son las cosas que tienes abandonadas muertas de risa en el disco duro porque te parecen de pésima calidad, cuando decidas que algo de lo que escribes es lo bastante bueno como para presentarlo a un premio o a una editorial, vas a arrasar.

En una palabra: es buenísimo. Y no, no eres el único al que le hace gracia!!! Evil or Very Mad Evil or Very Mad
avatar
Carmen Neke

Cantidad de envíos : 17764
Fecha de inscripción : 29/03/2008

Ver perfil de usuario http://actosdelectura.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  ILONA el Lun Mayo 04, 2009 6:09 pm

¡Anda! No había entrado antes aquí porque pensé que era un hilo para hablar sobre concursos de la tele Laughing Qué bueno, Nathan, he leído sólo la primera parte, pero me encanta. Luego sigo... Arrow
avatar
ILONA

Cantidad de envíos : 2136
Edad : 52
Fecha de inscripción : 18/03/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Mar Mayo 05, 2009 8:19 am

Gracias, Ilona.

Sí, me temo que es un título que no atraiga muchos lectores.

Si alguien tiene alguna sugerencia...
avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Medea el Jue Mayo 07, 2009 6:17 pm

Tenía dias intentando leer el cuento; ahora ¡ya pude! Muchas sonrisas acompañando la lectura. Gracias, Nathan. Por favor, no deje de escribir.
avatar
Medea

Cantidad de envíos : 6850
Localización : Ni ahí.
Fecha de inscripción : 04/10/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Jue Mayo 07, 2009 10:13 pm

Gracias, Medea. Espero, de verdad, que te haya gustado. Que te haya hecho sonreír. Que no se te haya hecho muy pesado leerlo Very Happy
avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Medea el Vie Mayo 08, 2009 8:26 am

Pues como dije, Nathan querido: Me ha gustado, he sonreído y no se me ha hecho para nada pesado leerlo. Gracias, again. Very Happy
avatar
Medea

Cantidad de envíos : 6850
Localización : Ni ahí.
Fecha de inscripción : 04/10/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Menuda el Mar Mayo 12, 2009 8:31 pm

Nathan, me lo reservé para casos de emergencia. Hoy lo he releído y me ha hecho reir de nuevo. Está muy bien. Gracias! Wink
avatar
Menuda

Cantidad de envíos : 14779
Edad : 53
Localización : Al ladito del mar
Fecha de inscripción : 20/04/2008

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Nathan Z. el Mar Mayo 12, 2009 9:31 pm

Vaya, muchas gracias.

Visto el éxito voy a tener que seguir con esta vena.
avatar
Nathan Z.

Cantidad de envíos : 4361
Fecha de inscripción : 30/05/2008

Ver perfil de usuario http://lasoledadenagosto.blogspot.com/

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Magari el Dom Mayo 30, 2010 6:34 am

lol! lol! lol! Genial, ha habido momentos en que me he reido a carcajadas. Me has alegrado el día, Nathan Very Happy
avatar
Magari

Cantidad de envíos : 9343
Localización : Entre sol y sombra
Fecha de inscripción : 21/09/2009

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "Concursos televisivos".

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.