Trocitos de Libro

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Trocitos de Libro

Mensaje  Johnny_c el Vie Mayo 02, 2008 6:36 pm

He buscado en el foro y no he encontrado ningún rincón parecido a este, tenemos un sitio para frases, otro para versos y aquí propongo que nos dejes trocitos de vuestros libros más queridos, desde una frase a un capítulo, lo que queráis, como muestra un ......

Puesto que la riqueza y la civilización son origen de tantas guerras como pueden serlo la pobreza y la barbarie; puesto que la locura y la maldad de los hombres no tienen cura, hay que realizar una buena acción; un hombre sensato amontonará dinamita bastante para hacer saltar el planeta, cuando vuele hecho pedazos a través del espacio infinito, se habrá logrado una mejora imperceptible en el Universo y se habrá dado una satisfacción a la conciencia universal, que por otra parte, no existe.

La Isla de los Pingüinos
Anatole France


Última edición por Johnny_c el Vie Mayo 02, 2008 6:54 pm, editado 1 vez
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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Johnny_c el Vie Mayo 02, 2008 6:48 pm

Don Claudio Folio, notario, trabajaba diecisiete horas diarias. Se levantaba -despeinadisimo por cierto-, a las seis en verano y a las seis en invierno, regañaba con su señora, tomaba el desayuno, leía la prensa y a las siete disponía la labor de sus pasantes. De ocho a dos trabajaba en los asuntos pendientes. A las dos comía como un buitre en ayunas; de tres a ocho volvía a trabajar; interrumpía el trabajo de ocho a ocho y media para trabajar un rato; y a las ocho y media estaba trabajando otra vez hasta las diez, hora en que trabajaba un poquito; y ya desde las once a las dos de la madrugada se dedicaba tranquilamente a trabajar.
En fin: era un imbécil.

Espérame en Siberia vida mía
Enrique Jardiel Poncela
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Ken Follet.- Un mundo sin fin

Mensaje  Wara el Vie Mayo 02, 2008 11:52 pm

Miró ávidamente la cara que no había visto desde hacía nueve años, y recordó, con la misma impresión que se siente al zambullirse en unrío helado en un día caluroso, lo adorable que había sido para él esa cara. Apenas había cambiado: sus temores habían sido infundados. Ni tan siquiera parecía mayor. Ese año iba a cumplir los treinta, calculó, pero estaba tan delgada y tan alegre como a los veinte.
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Se prohibe llorar - ALVARO DE LA IGLESIA

Mensaje  Menuda el Sáb Mayo 03, 2008 1:19 am

“Había comprado una de esas novelas gordas a las que los editores tienen que poner faja para sujetar su gran vientre de papel. La cogí por la cintura, me tumbé con ella en un sofá, y la ayudé a quitarse las enaguas de celofán que la envolvían. Después la abrí por su primera página y mis ojos se colocaron dispuestos a emprender un larguísimo “maratón”. Disparé un tiro mentalmente para darles la salida y los dos ojos partieron al galope por la pista del texto, saltando con agilidad los obstáculos de las letras.

Y mientras la vista brincaba rozando apenas las vallas de las “m”, los postes de las “i” y las horquillas de las “y”, un mecanismo complicadísimo empezó a desenrollar dentro de mi cráneo una actividad febril: mis retinas fotografiaban las letras a toda velocidad, y los nervios ópticos transmitían con urgencia esas fotos a mi masa encefálica. Allí eran recibidas por diligentes células grises que las agrupaban formando palabras. Y en una última manipulación, que se verificaba en el laboratorio más delicado de mi cerebro, se exprimían aquellas palabras en unas redes de nerviecillos sutilísimos para extraerlas el jugo del significado que contuviesen. Y así, con este proceso tan complejo como rápido, las letras del libro se iban transformando en ideas artificiales que pasaban a alimentar el horno de mi fantasía.
Mi esfuerzo, aunque inconsciente, era terrible. Bajo mi bóveda craneana, la fábrica mental trabajaba a todo vapor. Una fábrica en miniatura, silenciosa y compleja como la maquinaria de un reloj, pero potente y activa como la “Krupp” en período de rearme. Millones de células recogían las letras que yo iba tragándome por los ojos, transportándolas en vagonetas diminutas hasta los dispositivos de la comprensión. Miles de pequeñas chispas brotaban en las terminaciones nerviosas de mi materia gris, iluminando las ristras de texto para ayudarme a descifrarlas:

“La P con la E, PE; la P con la I, PI; la T con la A, TA...PEPITA”.

Éste es, tomado en cámara lenta, el proceso de transformación de las letras impresas en imágenes, personas y cosas, para nutrir la imaginación del lector. Después de la palabra “Pepita” fueron colocándose otras muchas con velocidad del teletipo que dibujaron el carácter de este personaje ficticio. Continuando con su trabajo perfectamente sincronizado, mis sesos en ebullición tradujeron los renglones sucesivos, que contenían una descripción del novio que disfrutaba la tal Pepita.
Al concluir la lectura de la primera página, mis ojos se detuvieron en el ángulo inferior de la derecha y se montaron en el trampolín del guión que fraccionaba la última palabra, dispuestos a dar un gran salto hasta el principio de la página segunda:

“...era una chica muy gua-”.

En ese tracito que seguía al “gua”, y presintiendo el “pa” de la página siguiente que completaría la palabra, esperaron a que yo despegara la hoja con el índice humedecido para darles entrada en la carilla posterior. También se detuvo bruscamente en mi cabeza todo el taller de elaboración de la lectura, en espera de recibir nuevas remesas de letras para continuar su tarea.

Fue en aquellos segundos de pausa cuando comprendí que estaba haciendo el idiota. Aproveché aquel breve descanso para hacer un balance de las ideas que me había proporcionado el primer fragmento de lectura, y el resultado fue de una pobreza lamentable: una señorita rubia, que atendía por Pepita, amaba a un señor moreno llamado Alberto.
¿Valía la pena todo aquel derroche de energía celular para llegar a esta conclusión inicial? ¿Me compensaba concentrar todo mi esfuerzo en aquellas letras feas y negras, alineadas como hormigas en un interminable hormiguero, para sorber la esencia de una historia más o menos vulgar entre personajes sin sangre ni pellejo?
Decididamente, no. Era estúpido que un hombre normal, vivito y coleando, renunciara a todo el mundo circundante para concentrar su atención en unos garabatos trazados sobre unas hojas blancas. Era estúpido que mis ojos, como en un diminuto partido de tenis, fueran de un margen al otro de aquellas hojas durante varias horas, sometiendo a los globos oculares a una fatigosa fricción en el lecho de sus órbitas. Era estúpido someter al cerebro y los nervios a una tensión brutal para dar vida a seres y paisajes muertos.

Entonces levanté la vista del libro, saqué mis ojos por la ventana, y vi una muchacha de verdad que cruzaba la calle. No tuve necesidad de descifrar un párrafo con un total de seiscientas veinticuatro letras para fabricarme la idea de que era monísima: lo comprendí al primer vistazo, sin esfuerzo, y mi mirada rozó complacida su silueta llena de músculos y huesos auténticos. Subí los ojos después al cielo, y se posaron en una nube que huía de los pellizcos que le daba el viento. Y cuando la nube desapareció, bajé a descansar en una flor roja que había en un balcón de la casa de enfrente.
Y me convencí de que una sola mirada a nuestro alrededor vale más que un libro gordísimo. Es más emocionante ver con nuestros propios ojos la gota de agua que se escapa de un grifo que leer una descripción minuciosa de las cataratas del Niágara.
Al llegar a esta conclusión, cerré el libro. Y desde entonces no he vuelto a leer ni una línea.”

Honolulu, verano de 1953
(Es mentira, pero ¿verdad que hace bonito?)

Epílogo de SE PROHIBE LLORAR
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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Wara el Sáb Mayo 03, 2008 1:33 am

Silvia, me ha encantado. sunny


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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Menuda el Sáb Mayo 03, 2008 1:48 am

Wara escribió:Silvia, me ha encantado. sunny


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Gracias, a mí también me gusta mucho. Hace como 25 años que leí por primera vez el libro y no tiene desperdicio...
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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Pi el Sáb Mayo 03, 2008 2:41 am

Wara escribió:Miró ávidamente la cara que no había visto desde hacía nueve años, y recordó, con la misma impresión que se siente al zambullirse en unrío helado en un día caluroso, lo adorable que había sido para él esa cara. Apenas había cambiado: sus temores habían sido infundados. Ni tan siquiera parecía mayor. Ese año iba a cumplir los treinta, calculó, pero estaba tan delgada y tan alegre como a los veinte.
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Wara, creo que me faltan pocas decenas de págs. para llegar ahí. Razz
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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Johnny_c el Sáb Mayo 03, 2008 3:57 am

El parrafo de Alvaro de la Iglesia es sublime pero acaba de enviarnos a todos nosotros y a este foro a tomar "por" s... Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy
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Julio Cortázar, "Un tal Lucas"

Mensaje  Carmen Neke el Dom Mayo 04, 2008 12:42 am

(No estoy nada, pero nada de acuerdo con lo que dice Álvaro de la Iglesia. ¡Afortunadamente puedo invocar una autoridad más importante que la mía propia!)

En esta época de retorno desmelenado y turístico a la Naturaleza, en que los ciudadanos miran la vida de campo como Rousseau miraba al buen salvaje, me solidarizo más que nunca con: a) Max Jacob, que en respuesta a una invitación para pasar el fin de semana en el campo, dijo entre estupefacto y aterrado: «¿El campo, ese lugar donde los pollos se pasean crudos?»; b) el doctor Johnson, que en mitad de una excursión al parque de Greenwich, expresó enérgicamente su preferencia por Fleet Street; c) Baudelaire, que llevó el amor de lo artificial hasta la noción misma de paraíso.

Un paisaje, un paseo por el bosque, un chapuzón en una cascada, un camino entre las rocas, sólo pueden colmarnos estéticamente si tenemos asegurado el retorno a casa o al hotel, la ducha lustral, la cena y el vino, la charla de sobremesa, el libro o los papeles, el erotismo que todo lo resume y lo recomienza. Desconfío de los admiradores de la naturaleza que cada tanto se bajan del auto para contemplar el panorama y dar cinco o seis saltos entre las peñas; en cuanto a los otros, esos boy-scouts vitalicios que suelen errabundear bajo enormes mochilas y barbas desaforadas, sus reacciones son sobre todo monosilábicas o exclamatorias; todo parece consistir en quedarse una y otra vez como estúpidos delante de una colina o una puesta de sol que son las cosas más repetidas imaginables.

Los civilizados mienten cuando caen en el deliquio bucólico; si les falta el scotch on the rocks a las siete y media de la tarde, maldecirán el minuto en que abandonaron su casa para venir a padecer tábanos, insolaciones y espinas; en cuanto a los más próximos a la naturaleza, son tan estúpidos como ella. Un libro, una comedia, una sonata, no necesitan regreso ni ducha; es allí donde nos alcanzamos por todo lo alto, donde somos lo más que podemos ser. Lo que busca el intelectual o el artista que se refugia en la campaña es tranquilidad, lechuga fresca y aire oxigenado; con la naturaleza rodeándolo por todos lados, él lee o pinta o escribe en la perfecta luz de una habitación bien orientada; si sale de paseo o se asoma a mirar los animales o las nubes, es porque se ha fatigado de su trabajo o de su ocio. No se fíe, che, de la contemplación absorta de un tulipán cuando el contemplador es un intelectual. Lo que hay allí es tulipán + distracción, o tulipán + meditación (casi nunca sobre el tulipán). Nunca encontrará un escenario natural que resista más de cinco minutos a una contemplación ahincada, y en cambio sentirá abolirse el tiempo en la lectura de Teócrito o de Keats, sobre todo en los pasajes donde aparecen escenarios naturales. Sí, Max Jacob tenía razón: los pollos, cocidos.

"Lucas, sus meditaciones ecológicas", en Un tal Lucas, Julio Cortázar (Argentina) -el subrayado es mío-
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Mario Puzo: El Padrino

Mensaje  Wara el Miér Mayo 07, 2008 6:43 am

"El velatorio fue establecido en la casa de la alameda, al viejo estilo. Nunca Amerigo Bonasera había efectuado un trabajo tan perfecto. Abandonó todas sus demás obligaciones, y se dedicó de lleno a preparar a su viejo amigo y Padrino, con el mismo cuidado con que una madre prepara a su hija para la boda. Todos comentaban el hecho de que ni siquiera la muerte había podido borrar la nobleza y la dignidad de los rasgos del Don, y tales comentarios, como es lógico, llenaron de orgullo a Amerigo Bonasera. Sólo él sabía los ímprobos esfuerzos que había supuesto el dar al Don el aspecto que había tenido en vida".
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Carmen Martín Gaite: El cuento de nunca acabar (Ruptura de relaciones)

Mensaje  Wara el Lun Mayo 12, 2008 2:27 am

Las novelas que se me fueron metiendo por medio eran como aventuras extramatrimoniales, a las que me entregaba con desmesurado placer. Pero las sabía tributarias en gran parte de aquel otro río subterráneo que iban empobreciendo, al alimentarse de él. Y cuando volvía a aflorar -que nunca dejaba de volver a aflorar- y yo me metía, tras aquellas infidelidades, a navegarlo otra vez, cerraba los ojos y aplacaba mi mala conciencia pensando que el viaje era tan alegre como cuando lo emprendí a base de vela de foque; creía engañosamente estar resucitando el entusiasmo del proyecto al renovar la promesa de no abandonarlo nunca.
No sabía que la única solución estaba precisamente en abandonarlo, no en arrastrarlo cansinamente hacia un final postizo, hacia un descabello asesino dictado por la rutina y por el odio.
Y de repente esta tarde he tenido la revelación fulminante: ¡Basta! Me falta muchísimo, pero basta. No es que lo acabe, es que lo dejo. Lo dejo sin acabar.
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Mora y cristinas -Ángeles de Irisarri y Magdalena Lasala ( Báhar )

Mensaje  Bita el Miér Mayo 14, 2008 12:25 am

....... El gran salón donde se hallaban reunidos los hombres importantes del reino de Hudayl, que estaba decorado con columnas de mármol ,bellos frisos esculpidos en bronce , espejos , sillas con enrejados de maderas de Oriente , arquetas y mosaicos , e incrustaciones de nácar y marfiles y otras exquisiteces , retumbó de pronto con un redoble agudo de tamboril y , sin más preámbulo , la música inundó la gran sala . Las doce esclavas permanecían ocultas detrás de las celosías , organizadas como orquesta femenina , tan de moda entre los señores andalusíes . La sitara de esclavas estaba compuesta por cinco laúdes , un adufe, una ajabeba y otra flauta similar más corta ,un rabel , una chirimía que llamaban zammara , dos mandolinas y el tamboril , instrumentos todos ellos contruidos en los talleres de Sevilla , delicadamente tañidos , y en verdad que el espíritu de los presentes se regocijaba con tan hermosa audición. En una pirueta extraordinaria , con uns salto imprevisto como una ráfaga de viento rojo , apareció en medio del salón Báhar , provocando la sorpresa y ela admiración de los reunidos . Sostenía en la mano derecha una pequeña pandereta que simulaba el silbear de la serpiente en las contorsiones más comprometidas de su danza , consiguiendo el mismo efecto hipnotizador que aquélla . Báhar poseía una belleza extraordinaria , que al danzar parecía resplandecer y multiplicarse , y elevarse por encima de su cuerpo , llenando la estancia de un magnetismo único que la envolvía a ella misma y a los presentes y hacía hervir la sangre y los deseos más escondidos . .............
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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Carmen Neke el Jue Mayo 15, 2008 1:52 am



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Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. [...]

[...]Era una pequeña librería de la rue du Cherche-Midi, era un aire suave de pausados giros, era la tarde y la hora, era del año la estación florida, era el Verbo (en el principio), era un hombre que se creía un hombre. Qué burrada infinita, madre mía. Y ella salió de la librería (recién ahora me doy cuenta de que era como una metáfora, ella saliendo nada menos que de una librería) y cambiamos dos palabras y nos fuimos a tomar una copa de pelure d'oignon a un café de Sèvres-Babylone (hablando de metáforas, yo delicada porcelana recién desembarcada, HANDLE WITH CARE, y ella Babilonia, raíz de tiempo, cosa anterior, primeval being, terror y delicia de los comienzos, romanticismo de Atala pero con un tigre auténtico esperando detrás del árbol). Y así Sèvres se fue con Babylone a tomar un vaso de pelure d'oignon, nos mirábamos y yo creo que ya empezábamos a deseamos (pero eso fue más tarde, en la rue Réaumur) y sobrevino un diálogo memorable, absolutamente recubierto de malentendidos, de desajustes que se resolvían en vagos silencios, hasta que las manos empezaron a tallar, era dulce acariciarse las manos mirándose y sonriendo, encendíamos los Gauloises el uno en el pucho del otro, nos frotábamos con los ojos, estábamos tan de acuerdo en todo que era una vergüenza, París danzaba afuera esperándonos, apenas habíamos desembarcado, apenas vivíamos, todo estaba ahí sin nombre y sin historia (sobre todo para Babylone, y el pobre Sèvres hacía un enorme esfuerzo, fascinado por esa manera Babylone de mirar lo gótico sin ponerle etiquetas, de andar por las orillas del río sin ver remontar los drakens normandos). Al despedirnos éramos como dos chicos que se han hecho estrepitosamente amigos en una fiesta de cumpleaños y se siguen mirando mientras los padres los tiran de la mano y los arrastran, y es un dolor dulce y una esperanza, y se sabe que uno se llama Tony y la otra Lulú, y basta para que el corazón sea como una frutilla, y...

Horacio, Horacio.

Merde, alors. ¿Por qué no? Hablo de entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegíaco en que ya sabemos que el juego está jugado.
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"Los perros de Riga", Henning Mankell

Mensaje  Carmen Neke el Sáb Mayo 17, 2008 4:02 am

Esto es Suecia, pensó. Aparentemene todo parece aquí luminoso y fresco y hemos construido los aeropuertos de tal manera que la suciedad o las sombras no tienen posibilidad alguna de asentarse en ninguna parte. Aquí todo es visible, todo es lo que pretende ser. Nuestra religión y nuestro pobre orgullo nacional están basados en la protección que está anclada en nuestra constitución y que anuncia al mundo que aquí es un delito morirse de hambre. Pero charlar innecesariamente con desconocidos no se hace, porque lo que es extraño, puede dañarnos, puede ensuciar nuestros rincones y portales y ennegrecer nuestras luces de neón. Nunca hemos construido un imperio y por eso nunca hemos tenido que verlo venirse abajo. Pero nos hemos convencido a nosotros mismos de que tenemos el mejor de los mundos, aunque sea pequeño. Hemos sido los guardianes de confianza del paraíso y ahora que la fiesta ha terminado, nos vengamos teniendo los controladores de identidad más estrictos del mundo. que tienen que dificultar en lo posible la entrada en nuestro país.
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Carol Shields - La memoria de las piedras

Mensaje  Wara el Sáb Mayo 17, 2008 10:13 am

"Y no obstante, dentro de esa angustia, refugiada ahí como una piedra preciosa, conserva la fría y curiosa capacidad de contemplar de vez en cuando el mundo con lucidez. La claridad estalla ante su rostro como una rociada de pequeñas estrellas. Ella lo comprende y cree que es uno de los trucos de la conciencia. Es un sentimiento que tiene incluso un aspecto lujoso. El laberinto del relato se abre y le permite atravesarlo. Puede que esté excluida de su propia vida (sabe que es así y siempre lo ha sabido), pero posee, a modo de don compensador, la asombrosa capacidad de trazar versiones alternativas".
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Eduardo Mendoza - La ciudad de los prodigios

Mensaje  Wara el Sáb Mayo 24, 2008 10:47 am

Pese al susto morrocotudo no resultaron heridos; sabiéndose ileso se volvió hacia su esposa. ¿Estás bien?, le dijo. El vestido de novia había quedado teñido de rojo, salpicado por la sangre de los espectadores y de los soldados de la escolta. La princesa Victoria Eugenia movió la cabeza con serenidad. Yes, dijo simplemente. Entre veinte y treinta personas habían muerto de resultas del atentado. Al llegar a palacio los monarcas corrieron a cambiarse de ropa. Entre los pliegues de la capa Alfonso XIII encontró un dedo; con gesto rápido se lo metió en el bolsillo del pantalón para que ella no lo viera. Luego, durante la recepción, se lo pasó disimuladamente al conde de Romanones. Toma, le dijo, tira esto al retrete. Majestad, exclamó el conde, son los restos mortales de un cristiano. Pues que los entierren en la Almudena, pero que yo no los vuelva a ver, replicó el rey.
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Grandes Esperanzas- Charles Dickens

Mensaje  Arrow el Jue Mayo 29, 2008 6:24 am

"Nunca debemos avergonzarnos de nuestras lágrimas, porque son la lluvia que limpia el polvo cegador de la tierra que a veces cubre y mancilla nuestro endurecido corazón. Después de haber llorado me sentí mejor, aunque más apenado y consciente de mi ingratitud. Si hubiese llorado antes, Joe sin duda se habría hallado a mi lado".
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ARTILUGIOS.-MARIO BENEDETTI

Mensaje  Madison el Jue Mayo 29, 2008 6:27 am

Hay un modo mecánico de entender la vida, un estilo sin escándalos ni hurras, sin el desabrigo de las tinieblas ni el acompañamiento de las melodías. No sirve ser vagabundo, ni gozar con las primicias de la soledad, tal vez porque el cuerpo se vuelve un artefacto y no importan vergüenzas ni utopías. Cada jornada reclama su accesorio, cada crepúsculo es un artilugio, cada relámpago una chispa suelta. En el modo mecánico de entender la vida, hay que adquirir una garlopa sin perdón, una sierra de angustia, un buril de rabieta. Ah, pero cuidado con desanimarnos si algún tonto nos dice que nos falta un tornillo.
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Catherine Shaw: La incógnita Newton

Mensaje  Wara el Sáb Mayo 31, 2008 10:34 am

... del mismo modo que jamás accederé al otro lado de las misteriosas paredes entre las que esos eruditos pasan una parte tan grande de su tiempo. ¿Qué puede haber oculto, ahí dentro? Sólo sé que se trata de estancias con jardines por fuera; algunos de esos jardines se divisan desde la calle o desde el otro lado de los arcos de piedra de las entradas a los colleges. Y, sin embargo, en mi imaginación están colmadas de magia y misterio. Qué extraña debe de ser la vida en una universidad, en la que una no sólo estudia, sino que también reside de forma permanente y completa en un mundo de pensamiento y contemplación constantes. Allí, las actividades habituales como caminar, comer y reír deben de estar imbuidas de ideas filosóficas y científicas, y las palabras de las lenguas antiguas deben de mezclarse diariamente con las modernas. ¡Ojalá tuviéramos un hermano que compartiese con nosotros esos secretos!
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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Madison el Dom Jun 01, 2008 6:33 am

Trato de recordar
nuevamente mi vida en busca de su plan, seguir una vena de plomo o de oro, o el fluir de un río subterráneo, pero este plan ficticio no es más que una ilusión óptica del recuerdo. De tiempo en tiempo, en un encuentro, un presagio, una serie definida de sucesos, me parece reconocer una fatalidad; pero demasiados caminos no llevan a ninguna parte, y demasiadas sumas no se adicionan.

Memorias de Adriano
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LUIS MATEO DIEZ

Mensaje  Madison el Lun Jun 02, 2008 4:38 am

Lo que se recuerda es casi siempre mucho más de lo que se vive... Se vive cualquier cosa, una mirada inadvertida o el roce de un pie debajo de la mesa, y se acaba recordando lo que pudo ser y no fue. Lo que se vive no da más de sí, lo que se recuerda es casi siempre lo que se pudo vivir y no se vivió".

Luis Mateo Díez, "El eco de las bodas"
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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Ayla 08 el Miér Jun 11, 2008 10:12 am

´"Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora."
Carta de una desconocida de Stefan Zweig.
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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Madison el Vie Jun 13, 2008 3:01 am

Reflexioné sobre ello cuando fui obligado a oficiar como arzobispo, con todos los ornamentos sacerdotales, en una fiesta de carnaval, hace unos años, y a dar la santa comunión a los enanos de la corte de Mantua que su príncipe había traído para esa ocasión. Nos reunieron ante un pequeño altar que se levantó en una sala del castillo, y alrededor de nosotros tomaron asiento, burlándose, todos los invitados, caballeros y nobles, entre los cuales figuraban algunos jóvenes fatuos ridículamente ataviados. Yo alcé el crucifijo y todos los enanos se pusieron de rodillas. “He aquí a vuestro salvador”, declaré con firme voz y los ojos inflamados

El Enano
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Michael Houellebecq.- Las partículas elementales

Mensaje  Wara el Lun Jul 14, 2008 6:20 am

"Uno ve a la gente durante años, a veces décadas, y poco a poco se acostumbra a evitar las cuestiones personales y los temas realmente importantes; pero tiene la esperanza de que en algún momento, en circunstancias más favorables, tendrá ocasión de abordar esos temas, esas cuestiones; nunca desaparece la perspectiva, aplazada una y otra vez, de un modo de relación más humano y más completo, porque ninguna relación humana encaja bien en un marco preestablecido y definitivamente estrecho. Así pues, sobrevive la idea de una relación auténtica y profunda; sobrevive durante años, a veces décadas, hasta que un acontecimiento brutal y definitivo (normalmente la muerte) le dice a uno que es demasiado tarde, que esa relación auténtica y profunda con la que había soñado nunca se hará realidad, igual que todas las demás."
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El sindicato de policía yiddish - Michael Chabon

Mensaje  Wara el Dom Ago 03, 2008 2:52 am


Es entonces cuando la gran fisura se abre supurando, la ladera de la colina se hunde y la pared de lodo negro se desploma a toda velocidad. Landsman y Bina estuvieron casados doce años, y otros cinco juntos antes de casarse. Los dos fueron el primer amante del otro, el primer traidor, el primer refugio, el primer compañero de habitación, el primer público y la primera persona a quien acudir cuando algo –aunque fuera el matrimonio- iba mal. Durante la primera mitad de sus vidas entretejieron sus historias, sus cuerpos, sus fobias, sus teorías, sus recetas, sus bibliotecas y sus colecciones de discos. Armaron peleas espectaculares, con las narices pegadas, las manos volando, gotitas de saliva volando, tirando cosas, dando patadas a cosas, rompiendo cosas, revolcándose por el suelo y tirándose mutuamente del pelo. Al día siguiente él tenía marcadas las medias lunas de las uñas de Bina en las mejillas y en la carne del pecho, y ella llevaba las huellas dactilares de color púrpura de él a modo de brazalete.

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Roberto Bolaño, "Enrique Martín"

Mensaje  Carmen Neke el Mar Ago 12, 2008 2:54 am

Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esta convicción crecimos. El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte.
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Carmen Neke

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Gabriel García Márquez, "El amor en los tiempos del cólera"

Mensaje  Carmen Neke el Dom Ago 17, 2008 3:16 am

Iban a cumplirse dos años de correos frenéticos cuando Florentino Ariza, en una carta de un solo párrafo, le hizo a Fermina Daza la propuesta formal de matrimonio. En los seis meses anteriores le había enviado varias veces una camelia blanca, pero ella se la devolvía en la carta siguiente, para que no dudara de que estaba dispuesta a seguirle escribiendo, pero sin la gravedad de un compromiso. La verdad es que siempre había tomado las idas y venidas de la camelia como un retozo de amores, y nunca se le ocurrió planteárselo como una encrucijada de su destino. Pero cuando llegó la propuesta formal se sintió desgarrada por el primer arañazo de la muerte. Presa de pánico se lo contó a la tía Escolástica, y ella asumió la consulta con la valentía y la lucidez que no había tenido a los veinte años cuando se vio forzada a decidir su propia suerte.
-Contéstale que sí -le dijo-. Aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no.
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Carmen Neke

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Re: Trocitos de Libro

Mensaje  Eider el Miér Ago 20, 2008 6:29 pm

LADRONES DE HUEVOS

“Las gallinas, escribió Gómez de la Serna, están hartas de denunciar en las comisarías que la gente les roba los huevos”. Esta frase nos hace sonreír, pero por algo bien distinto a lo que nos sucede con un chiste común. Sonreímos porque percibimos en ella el embrujo de la verdadera poesía. Y todo porque es capaz de devolver a las gallinas la dignidad que llegaron a tener cuando sus antepasadas no vivían en nuestros corrales y podían moverse a su aire. La dignidad de los urogallos, los faisanes, de todas las aves salvajes. O dicho de otra forma, porque nos permite contemplar a las pobres gallinas como algo más que carne para nuestros guisos. Porque ¿acaso no es cierto que les robamos? Ellas ponen todo su esfuerzo, llegan hasta casi enfermar en la tarea de conformar sus huevos, y nosotros se los arrebatamos al instante para llevarlos a la cocina. Es cierto que las tenemos para eso, pero eso no quita para que al menos se merezcan un respeto. Eso hacen los poetas. Agradecer a las gallinas los huevos que llevan a su mesa, al sol la luz con que nos despierta cada mañana, a los ríos el agua con que llenamos nuestras bañeras. Dicho de otra forma, el poeta escribe para agradecer. Toma el huevo y se detiene a mirar el corral donde lo ha encontrado. Y le parece hermoso. Esa mirada entre sorprendida y burlona es la mirada de todos los poetas del mundo.

"La calle del Paraíso"- Gustavo Martín Garzo


Besos
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José Luis Garci, "Diez cócteles que cambiaron el mundo"

Mensaje  Carmen Neke el Jue Ago 28, 2008 6:25 am

CAIPIRINHA
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El primer asombro que producen las cataratas de Iguazú, cuando las contemplas desde las pasarelas de la Garganta del Diablo, te lo provoca la espectacularidad del lugar. Estás dentro de una selva esmeralda e infinita —no menos atractiva que la que retrató John Boorman—, rebosante de palmeras, cañas, increíbles plantas epifitas —como el caraguatá, muy parecido al agave mediterráneo del que los que saben, y aquí "saben", viene tanto de saber como de sabor, donde los sabios, digo, extraen ese aguamiel llamado mezcal—, helechos arborescentes, orquídeas y, en fin, lianas exactas a aquellas otras de atrezo por las que viajaba Tarzán en blanco y negro a través de junglas de cartón piedra levantadas en Culver City.

Recostado en un tronco de verdad, desde el corazón del bosque, mientras observas sobrecogido el asombroso salto de San Martín, adviertes que habitas junto a una fauna desconocida y mágica, bellísima, con aves e insectos nunca vistos, antas que recuerdan a los ciervos ligeramente sombríos de Bambi cuando el incendio —¿estaban los papás de Bambi separados? Bambi vivía con su madre, los dos solos, ¿no?—, y mariposas de mil colores y tamaños que bailan bajo la misma luz verde de los murales de Pompeya. Es el segundo pasmo.

El tercero es obra del clima. Desde el salto de Santa María, con los pies muy firmes sobre la tierra bermellón, asistes a la creación —casi continua— de un arco iris gigantesco, como un pórtico desde el que fluyera un caos primitivo, un Big Bang permanente, un criadero de renovación. Ese caleidoscopio lo producen lluvias torrenciales que gotean monedas de cobre y las espumas cadmio que varea un viento atlántico. Cuando cesa el diluvio tropical, siempre de improviso, en un segundo, y da el relevo al sol vainilla, entonces, bueno, entonces la luz de Mogambo se desparrama como una cortina de flores por eso que llamamos la vida. Pero todavía quedan más sorpresas.

En apenas quinientos metros, el río Iguazú, un río sereno, tranquilo y majestuoso —como el de Renoir, como el de Bruce Springsteen—, enferma misteriosamente de paranoia y se transforma en un río rojo, bravo, salvaje, lobo y de sangre. Ni en Yellowstone ni en Wichita, ni menos aún en Niágara, he visto en el agua esa resolución suicida de Iguazú. Las aguas sagradas de Iguazú enloquecen y se quitan la vida despeñándose hacia un abismo basáltico, al tiempo que las golondrinas, arriba, dibujan líneas negras sobre un estruendo de jade. Iguazú es el suicidio de Sísifo.

Las cataratas, descubiertas por nuestro Adelantado Cabeza de Vaca hacia mediados del siglo XVI, están exactamente en la frontera de Argentina y Brasil. La raya que separa los dos países, justo donde debería estar la caseta de la aduana, es la Garganta del Diablo, un espacio sobrecogedor —por el que trepaba el penitente Bobby De Niro en La misión, acompañado por la mejor música de Morricone—. Hay varios albergues en la zona, todos muy cerca de los saltos, pero el mejor es —o era— el Hotel das Cataratas, en territorio brasileño. Se encuentra tan pegado a los saltos, que durante la noche los sientes hervir. Además —y aquí llega el último secreto—, es el mejor lugar del mundo —o era— para tomar caipirinhas.

Hace años un atardecer de mayo, Alfredo Landa y yo, en el amplio bar de hotel —abierto a los jardines, por donde se movían, entre árboles de frutos dorados, papagayos picassianos y tucanes de Diego Rivera—, hace algunas películas, decía, mi amigo Landa y yo nos tomamos cada uno diez o doce caipirinhas hablando de nuestras cosas. Digo una docena y quizá me quede corto. Alfredo asegura que llegamos a las quince. Hay testigos: Maite Imaz y Ana Rosa Quintana. El que no nos emborracháramos lo más mínimo es fácil suponer que fue debido al ambiente, a los rugidos del agua amortiguados, a la quietud de una jungla misteriosa y cómplice, a la llegada suave de la noche, que trajo con ella un cielo azul como las copias del papel carbón, un cielo repleto de estrellas, un cielo como una carta astral y austral. Todas estas cosas produjeron el milagro de bebernos un crepúsculo de caipirinhas bajo la Cruz del Sur sin que nuestras cabezas se aturdieran o nuestras palabras se rompieran en las tes y en las erres. En una película policíaca de los años cincuenta, un buscavidas recién salido de la cárcel le comentaba a una pelirroja: "Me bebería una catarata de whisky". Esa noche, Alfredo y yo lo hicimos, cambiando el agua de fuego por el fuego verde [...]


[...] La caipirinha se hace directamente en el vaso a poder ser un vaso modelo Oid Fashioned. Hay que trocear un par de limas en cuatro partes, meterlas luego en el vaso y machacarlas. Después, se añade una cucharada de azúcar fina y una copa de cachaça servida sin roñoserías. Recomiendo dejar aparcado el bebedizo algunos minutos para que se macere bien. Por último, se mezcla y se añade el hielo, a voluntad. También, si se quiere, unos granos de café. Los hay que preparan este combinado en la túrmix y lo sirven en vasos grandes, modelo Collins, con hielo pilé. ¡Bah! ¡Ni caso! Un consejo importante: lo ideal es preparar las copas de cuatro en cuatro.

Una buena caipirinha siempre sabe a poco. Es una bebida alegre, como la samba, como la torcida que anima en Maracaná, como aquellas internadas de Garrincha —o Ufarte— por la banda derecha, amagando siempre por dentro y saliendo eternamente por fuera; es una pócima divertida y buena, como Joe Carioco, como los ojos de Carmen Miranda —que no era brasileña, sino portuguesa—, como la prosa ligera que Jorge Amado teclea en Bahía, Oooooooh, Bahía..., como la sonrisa de la garota de Ipanema; pero, cuidado, igual de peligrosa que las faltas que sacaba Rivelinho, los remates de Pelé, las cangançeiras del sertao o las madrugadas de Sao Paulo. Si la bebes en Iguazú, como hicimos Landa y yo, la luz de Mogambo iluminará, trago a trago, tu espíritu por dentro, ya te digo. Porque la luz de Mogambo es la luz de la aventura, una lámpara maravillosa que te traslada a la infancia, ese otro caos de ilusiones juveniles, el candil que te hace soñar con el mapamundi, con tigres, leones y ballenas y travesías en barco con las amigas del colegio, aquellas primeras chicas que nos gustaron y por quienes dejábamos caer nuestros lápices al suelo para mirarles las piernas.

La caipirinha es una catarata de fuego verde —como los ojos de Ava Gardner—, que hace renacer, cuando ya no lo esperas, ¡ay!, todas las selvas perdidas.
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Saramago - El año de la muerte de Ricardo Reis

Mensaje  Wara el Vie Ago 29, 2008 10:13 am


... y la hoja más reciente lleva fecha del trece de noviembre de mil novecientos treinta y cinco, ha pasado mes y medio tras haberla escrito, aún hoja reciente, y dice, Viven en nosotros innúmeros, si pienso o siento, ignoro quién es el que piensa o siente, soy sólo el lugar donde se piensa y siente, y, no acabando aquí, es como si acabase, dado que, más allá del pensar y sentir, no hay nada. Si sólo soy esto, piensa Ricardo Reis después de leer, quién estará pensando ahora lo que yo pienso, o pienso que estoy pensando en el lugar en que soy de pensar, quién estará sintiendo lo que siento, o siento que estoy sintiendo en el lugar en que siento, quién se sirve de mí para pensar y sentir, y, de tantos innumerables que en mí viven, yo soy cuál, quién, Quain, qué pensamientos y sensaciones serán los que no comparto por pertenecerme a mí sólo, quién soy yo que los otros no sean, o hayan sido o sean alguna vez. Reunió los papeles, veinte años día tras día, hoja tras hoja, los guardó en un cajón del pequeño escritorio, cerró las ventanas y puso a correr el agua caliente para lavarse. Pasaba un poco de las siete.
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Re: Trocitos de Libro

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