Don Hamlet - Alvaro Cunqueiro

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Don Hamlet - Alvaro Cunqueiro

Mensaje  Wara el Vie Sep 18, 2009 2:30 am


O incerto señor Don Hamlet, príncipe de Dinamarca

Alvaro Cunqueiro, 1958
Editorial Galaxia, Vigo-1988 (6ª edición)


Este Don Hamlet fue editado por primera vez en el año 1958. Partiendo del mito shakesperiano, Alvaro Cunqueiro pretende dar respuesta a una serie de preguntas que a él se le ocurren, según cuenta, en su Mondoñedo natal, un día de viento, preguntas que afectan a la condición humana:

“¿Pode un home, ó mesmo tempo, ser e non ser? ¿Cantos homes son precisos, no oscuro, para facer na luz un só home verdadeiro?” (Traduzco libremente: “¿Puede un hombre ser y no ser al mismo tiempo? ¿Cuántos hombres son precisos, en la sombra, para hacer en la luz un solo hombre verdadero?”).
En esencia, en esta obra que se desarrolla a lo largo de tres jornadas, Cunqueiro se plantea que si Claudio (a quien él llama rey Halmar) resulta ser el verdadero padre de Hamlet parece que todo el mito encuentra mejor explicación. La venganza del príncipe se inscribe en el complejo de Edipo: Hamlet no mata al asesino de su padre, sino a su padre mismo para luego casar con su madre, la raíña Gerda (reina Gertrudis), teoría que ha sido aceptada por diversos estudiosos del mito hamletiano.

Antes de que empiece la historia en sí, Cunqueiro hace una preciosísima descripción de Elsinor, el castillo del reino de Dinamarca, que es de por sí solo ya un cuento: una floresta salvaje que entra mar adelante, sometido a tormentas que quiebran el reino en islas. No hay flores, ni rosas ni pájaros, sólo tierras bajas, llenas de lama y barro donde tan sólo vuelan patos salvajes. Elsinor es más ciudad que castillo, tiene un puerto, un mercado, iglesia… leguas de corredores y miles de escaleras que van y vienen, suben y bajan formando lo que es propiamente el castillo.

Reinan en Dinamarca los Hardrada (que viene a significar “pelo rojo”); son mercuriales, dirá luego Poloño, perezosos. “No leito fadigánse de soñar” (en la cama se fatigan de soñar). Son maliciosos, desconfiados: no hay un Hardrada que no tenga visto un fantasma ni descubierto una conspiración. El primer rey, Guda, dispuso que el trono e incluso la cama nupcial tuviera forma de nave, y siempre tenía gente para que lo mecieran cuando se sentaba o acostaba para no perder la costumbre del mecerse en aguas libres. Pero estas gentes eran tan avaras que para que no saliera el dinero de las arcas comenzaron a casar entre ellos, primo con prima, tío con sobrina…y así vino la flaqueza a la sangre en otro tiempo pirata. Cuando el rey Olaf declaró la guerra a Bohemia, todos en el reino pensaron que volvían los viejos tiempos; era un rey justo que bajaba al muelle para mirar las naves llevando de la mano al príncipe Hamlet. Pero de repente vino la caída de la estirpe de los Hardrada por culpa de un crimen y la simiente se perdió… y en Elsinor apenas queda el eco de su nombre.

Y se abre el telón y el Coro –porque en toda pieza de teatro debe haber un coro- nos dice que es Elsinor un lugar de tanto viento que todo tiene que estar dentro: gentes, ganado, jardines… Es por culpa del viento que nunca pueden salir, es por esa razón que en Elsinor son todos de pálida piel. Pero ocurre también que entre las paredes de Elsinor están todos demasiado juntos, demasiado apretados: un hombre es él mismo y a la vez una muchedumbre que arrastra por los corredores sus propios sentimientos, los sueños, las inquietudes, la ira, ambición o lujuria, también el miedo.

El Coro se presenta a Hamlet cuando éste pregunta quién es, diciendo: “Podo se-la noite e o día, verbas secretas, boatos que corren, sombras que pasan de aquí para acolá escoitando. Eu son o señor vagas sospeitas, don murmuracións, micer memorias de tempos idos, don ollo fisgando por una pechadora, un profeta na plaza…” (“Puedo ser la noche y el día, palabras secretas, rumores, sombras que pasan de aquí para allá. Yo soy el señor vagas sospechas, don murmuraciones, micer memorias de tiempos pasados, don ojo espiando por una cerradura, un profeta en la plaza…”).

Y fiel a su propia definición, el Coro comienza en seguida encizañando a Hamlet, haciéndole ver que todo el tiempo ha sido un puñal en brazos de su padre, el rey, que siempre ha sospechado de la infidelidad de la reina Gerda con Halmar. Sentaba el rey a Hamlet en sus rodillas, le pasaba la mano sobre la cabeza, lo cogía por la barbilla… dice Laertes, y el Coro sigue encizañando: “el que estuviera en el secreto diría: busca aquello que sospecha”. Pero luego es Laertes el que reconoce que Hamlet es una pieza de oro robada a mediodía, a la vista de la gente, insiste en que el rey lo levantaba contra el otro (“Pouco a pouco, contra o otro”) como un puñal forjado en Londres al que hubieran puesto en la hoja una leyenda real: “Para ben servir”. Porque Hamlet ha sido bien enseñado. Llegado el momento matará, sí, matará porque el otro está también en su camino.

Llegan los cómicos de Italia a los que Hamlet encomienda una especial representación: una historia de amor. “Houbo un crime. Hai un asesino, dous, tres. Os asasinos están disfrazados. Un verdadeiro asesino disfrázase dúas veces: unha para que non se decaten os alleos que el é o portador escuro da arma, e otra para si, para el mesmo”. (Hubo un crimen. Hay un asesino, dos, tres. Los asesinos están disfrazados. Un verdadero asesino se disfraza dos veces: una para que nadie descubra que es el portador oculto del arma y otra para si, para sí mismo).

Un punto de humor de Cunqueiro en la escena en la que los actores aparecen ensayando la obra y Arlequín dice: A saber si esta historia es verdadera y no un romance. Aquí dice: Nota del autor: Si el que haga el papel de Rey no sabe fingir muerte por veneno, puede envenenarse de verdad.

Los cómicos siguen con sus ensayos y los diálogos se vuelven tan íntimos y suben tanto de tono que en determinado momento Pantalone, otro de los cómicos, llega a decir que no podrían representarse en las tablas de Italia.

Los diálogos entre Hamlet y la reina Gerda son preciosos, cuando la reina acepta que hubo de escoger entre dos amores, el rey o su hermano Halmar, que eligió a Halmar, y ahora, también sin Halmar, nada impide su relación con Hamlet por cuanto la historia de Dinamarca no reconoce incesto en el matrimonio de una madre y su hijo. Dice la reina: “Preferiría ser dona de ti por amor, Hamlet, que pola forza do dereito antergo” (Preferiría ser tu esposa por amor que no por la fuerza de un antiguo derecho).

Cuando la reina reconoce tener miedo a envejecer sola y sin música en su cámara, Hamlet le promete que no la dejará envejecer, que todo cuanto precise para evitarlo él se lo dará, de cuerpo y de alma. Pero tienen que pensar, quizá la gente de Dinamarca no recuerde ya cuando la madre se casaba con el hijo, la hermana con el hermano… y entonces dice Hamlet: “(…) Unha voz sobe ata o meu corazón, un mandado imprevisto, frío coma o xelo mesmo, e luminoso coma o sol” (Una voz sube hasta mi corazón, un mandato imprevisto, frío como el mismo hielo y luminoso como el sol). “¿Cal, meu fillo?, pregunta Gerda, y Hamlet alcanza el puñal que oculta, lo desenvaina y se lo clava a la reina. Y dice: “¡Este, señora miña! ¿Non mandaches matar por ser fiel? ¿Non me mandaches matar por ser fiel?”. Y la reina resbala hasta el suelo…

Y para resumir el final, Hamlet, ungido rey con su propia sangre, y con un último recuerdo para Ofelia, sube por la escalera de caracol y se cuelga del cuello utilizando una áspera soga de Tarragona. Son sus últimas palabras: “¡Fan agora tan ásperos espartos!” (¡Hacen ahora tan ásperos espartos!). Y Hamlet muerte, en palabras de Cunqueiro, sin estrenarse como rey ni como hombre.

* * * * * * *


Con este Don Hamlet no pretende Cunqueiro rehacer, modernizar ni dilucidar el mito de Hamlet. Por razones que no quiere explicar, se hizo unas preguntas para las que prefirió las respuestas de su cosecha, de su propia imaginación… En una nota final de esta edición, Cunqueiro reconoce que lo que más le dolió/molestó cuando se publicó esta pieza en 1959 fue que más de uno considerase su Don Hamlet una simple parodia del Hamlet de Shakespeare, cuando lo cierto es que él, desde muy joven, tiene como libro de cabecera las obras del gran dramaturgo. Además de que deberían haberse dado cuenta de quién es él, Cunqueiro, como escritor y como poeta.


Le pregunta Hamlet a Poloño:
“¿Sabe-lo que se preguntan as pantasmas cando se atopan?
Pregúntanse: ¿cómo podemos ó mesmo tempo existir e non existir?"

(¿Sabes lo que se preguntan los fantasmas cuando se encuentran?
Se preguntan: ¿cómo podemos existir y no existir al mismo tiempo?)

* * * * * * *


Por cierto, me ha encantado… La historia. Y como no sé si está bien eso de dedicarle a alguien libros ajenos, sí dedicaré al menos la lectura... a Angelconcielo, por muchos motivos.
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Re: Don Hamlet - Alvaro Cunqueiro

Mensaje  JB el Jue Oct 11, 2012 2:41 am

No conozco este obra pero justamente estos dias estube pensando en leer algo de Cunqueiro al que le debo algunas lecturas, esta no puede ser que no la tengo creo que será la de "Cronicas de Sochantre"
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